«Los que entran, vuelven»: la promesa de Albares sobre Ceuta
Cuesta encontrar una paradoja más nítida en la política migratoria española. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, prometió en el Congreso que «hasta la última persona que ha entrado irregularmente en España volverá a Marruecos». La frase la podría firmar el partido más duro en materia de fronteras; la pronuncia un ministro del PSOE. Y 48 días después, según las informaciones publicadas por Vozpópuli, más de 10.000 personas continuaban en Ceuta. El relato oficial y el terreno llevan tiempo sin cuadrar.
Qué prometió Albares y qué dicen los números
El ministro defendió ante el Congreso la integridad de Schengen y aseguró que ningún migrante había llegado a la Península. Contó que, en cuanto supo de la entrada masiva, llamó a su homólogo marroquí y este le respondió que Marruecos no estaba detrás de lo ocurrido. Hay quien lee ahí el nudo del asunto: si el control depende de la voluntad del vecino, la frontera se gestiona con cortesía diplomática y no con capacidad propia. La frase «los que entran, vuelven» suena bien en un escaño. En el terreno, la cuenta atrás pesa distinto.
Ceuta: aplausos y abucheos en la misma visita
La tensión se mide en gestos. El ministro del Interior se desplazó por tercera vez a la ciudad autónoma y, según las crónicas difundidas, fue recibido con abucheos por parte de los residentes mientras algunas de las personas llegadas lo aplaudían. Que quien gestiona la frontera reciba el reproche de los ciudadanos y el aplauso de quienes la cruzaron es difícil de leer como un éxito de gestión. En paralelo, se sostiene que el ministerio habla de «inseguridad subjetiva» para quitar hierro a lo que parte de los ceutíes viven como inseguridad objetiva.
Solicitantes de asilo, CIE saturado y la guerra de las cifras
El otro flanco es contable. Se argumenta que parte de los ingresos se registran como solicitantes de asilo y no computan igual, y que algunos pases en ferry hacia la Península se justifican con la saturación del Centro de Internamiento de Extranjeros de Ceuta. Cada categoría tiene su efecto estadístico, y en política quien domina la categoría domina el titular. Es el truco viejo del relato: cambiar la etiqueta y esperar que nadie mire el total.
Con la frontera dependiendo de una llamada a Rabat y las cifras bailando según la etiqueta, queda la pregunta incómoda: ¿cuántas de esas personas habrán vuelto a Marruecos el día en que nadie tenga interés en contarlas?