UNED: exámenes presenciales, libros de 1.000 páginas y un 20% de nota por trabajos titánicos
La Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) se presenta como la opción para quienes trabajan o viven lejos de un campus. Pero cada año se repite la misma queja: es una universidad a distancia que obliga a desplazarse para hacer exámenes presenciales, exige trabajos descomunales que apenas cuentan un 20% de la nota y utiliza libros de texto de más de mil páginas escritos por los propios profesores, caros y de dudosa calidad. La pregunta es si el modelo está diseñado para enseñar o para garantizar ingresos recurrentes por repetidas matrículas.
El espejismo de la distancia
El principal reclamo de la UNED es la flexibilidad, pero en la práctica el sistema exige asistir físicamente a centros asociados para realizar los mismos exámenes que en cualquier universidad presencial. Como señalan muchas críticas, el adjetivo "a distancia" se refiere más a la distancia que el alumno debe recorrer para examinarse que a la metodología docente. La evaluación continua, supuestamente el canal para estudiantes que trabajan, consiste en dos o tres prácticas de hasta 50 horas cada una que apenas ponderan un 20% en la nota final, y ese porcentaje solo se suma si se aprueba el examen presencial con una nota mínima que a veces llega al 6. Para un estudiante que compagina empleo y estudios, la relación esfuerzo-recompensa resulta absurda.
El negocio de los manuales y las segundas matrículas
Otro foco de controversia son los materiales didácticos. Cada asignatura utiliza un manual de autor —invariablemente escrito por el propio equipo docente— que ronda las mil páginas, cuesta más de lo razonable y, según múltiples testimonios, está mal estructurado y es difícil de seguir. Que el profesor prescriba su propio libro genera un conflicto de intereses evidente. Pero el elemento más polémico es la existencia de un porcentaje fijo de suspensos que algunos profesores aplicarían cada año. La acusación recurrente es que se busca que el alumno repita la matrícula —y pague de nuevo— para incrementar la recaudación. La tasas de la UNED, al menos en segundas y terceras matrículas, son sensiblemente más caras que las de cualquier universidad presencial pública, a pesar de que no ofrece instalaciones ni clases.
Alternativas y salidas individuales
Algunos estudiantes han optado por universidades online extranjeras —principalmente estadounidenses— que sí ofrecen todo el proceso a distancia, con evaluaciones basadas en trabajos y proyectos, y a un coste menor. También han emergido competidores nacionales como la UOC (Universitat Oberta de Catalunya) o la UNIR (Universidad Internacional de La Rioja), aunque estas son privadas. La UNED, en cambio, mantiene un modelo híbrido que algunos consideran una estafa: cobra como pública pero exige presencialidad y aplica prácticas comerciales agresivas.
Sin consenso a la vista
Frente a estas críticas, hay voces que defienden el modelo actual como garantía de calidad: el examen presencial escrito es la única manera de asegurar que el alumno sabe y no ha delegado en una inteligencia artificial. La UNED no cede, y los alumnos se quejan año tras año sin que nada cambie. El debate queda abierto: ¿es un filtro legítimo para mantener el rigor o una máquina de exprimir estudiantes que saben que no tienen muchas alternativas asequibles?