La estrategia de los reductos patrióticos: repoblar España desde municipios controlados
El sueño de fundar una comunidad homogénea lejos de la diversidad de las grandes ciudades revive en foros de internet. La idea, que bebe de la Reconquista medieval, propone crear una red de municipios patriotas que actúen como salvaguarda de una identidad nacional que algunos consideran amenazada. No es un movimiento organizado, pero su eco resuena en debates sobre despoblación, vivienda barata y control político local.
La fórmula es simple: identificar municipios pequeños, preferiblemente con voto mayoritario a PP y Vox, donde la población extranjera sea escasa y el precio de la vivienda asequible. Lugares como Benavente (Zamora) o la montaña palentina aparecen en las quinielas. Un usuario que se mudó a Benavente relató su experiencia: «Mucho moro, negro, etniano» y acabó huyendo a un pueblo de la montaña palentina, que califica de «maravilla». El problema, según otro participante, no es solo la inmigración, sino también los «rojeznos» que votan a partidos de izquierdas.
El factor económico: vivienda barata y teletrabajo
Detrás de la retórica identitaria hay una pulsión económica real: la huida de ciudades caras hacia pueblos con casas de 20.000 euros. Un análisis detallado cifraba en 2 millones de euros la inversión necesaria para rehabilitar un poblado entero con infraestructuras (depuración, energía). Las familias deberían ser autónomas y desarrollar un tejido productivo local. «No pueden ir allí a fumar porros y hacer una eco-granja hippi», señalaba alguien que ha visto fracasar iniciativas similares. La comparación con los kibutz israelíes surge, pero rápidamente se rechaza el modelo colectivista.
El caso de Benavente ilustra la tensión: nodo logístico con servicios y trabajo, pero también tránsito de droga y presencia de minorías que algunos consideran excesiva. Quien se fue a la montaña palentina elogia la tranquilidad y critica a los benaventanos. No es solo inmigración: también hay rechazo al progresismo urbano que se instala en pueblos, con sus «furgonetas, perros, rastas y marihuana».
La dificultad de organizarse
El principal escollo es la falta de coordinación real. Un participante que intentó crear una comunidad al estilo amish confesó su fracaso: «Nadie quiere cooperar ni renunciar a nada». Otros proponen usar la vía política: presentarse a las elecciones municipales en pueblos minúsculos para controlar el ayuntamiento y decidir quién entra. «Habría que proyectarlo para que nuestros hijos y nietos ocuparan puestos de poder, policía, ayuntamientos», se lee.
El dato que desconcierta
Quien lidera la idea asegura tener ya su municipio «completo» y recomienda fijarse en el mapa del voto de 2019 y 2023. Pero también ironiza: «Incluso podéis juntaros los gais y hacer un municipio patriota gay». La propuesta, entre seria y distópica, choca con la realidad: la España vaciada se está repoblando, sí, pero no siempre con el perfil deseado. Mientras tanto, el «tsunami marrón» que temen sigue su curso imparable a ojos de quienes se sienten invadidos.