Madrid ya tiene 16 nombres nuevos y ninguno es un nombre nuevo
Alguien abre una lista y encadena dieciséis nombres sin respirar. Madrizuela. Madraguay. Madrivia. Madrinicana. Madrilombia. Madribamba. Madriquito. Y después le da la vuelta al truco: Bogodrid, Limadrid, Guayadrid, Guatemadrid, Panamadrid, Guanajuadrid, Mededrid. Dieciséis variantes en un solo mensaje, todas cortadas con el mismo patrón: la raíz de la capital y medio continente pegado detrás. La pregunta cierra la jugada: «¿con cuál te quedas?». Cuatro días después el recuento supera las veinte propuestas, y ninguna se llama, simplemente, de otra manera.
Un topónimo que llega tarde a su propia ciudad
El ejercicio solo tiene gracia si se acepta su premisa: que Madrid ya no se parece a lo que su nombre promete y que la toponimia es lo último que queda por actualizar. No es una tesis nueva, pero sí es nueva la naturalidad con la que se da por hecha. Nadie propone rescatar un topónimo antiguo ni tirar de historia local. Se propone injertar: pegar un apellido extranjero a una raíz que se mantiene intacta.
Los híbridos inversos señalan lo mismo. Cuando la broma pasa de «Madrid + país» a «capital latinoamericana + drid», ya no habla de llegada sino de exportación de marca. Madrid como formato, no como lugar. La variante MadriDF remata por la vía mexicana: adoptar la nomenclatura del Distrito Federal para una ciudad que lleva años comportándose como uno sin decirlo.
Burgos y el chiste que no era un chiste
Entre las más de veinte ocurrencias, dos se salen del patrón. Una responde con el nombre de una ciudad castellana y deja caer que igual lo que sobra no es el topónimo, sino la capital entera. Otra desplaza el juego al norte, dando por hecho que el mecanismo —aquí ya no vive quien vivía— se puede replicar comunidad por comunidad.
Queda un dato incómodo. De todas las ocurrencias registradas, solo una renuncia a la raíz, y no es un nombre nuevo: es el de otra ciudad que ya existe. Las demás son Madrid con algo pegado. Veinte maneras de discutir el nombre y ninguna que se atreva a pensarlo desde cero.