Hayden Panettiere: del apellido inocente al dios Pan de Lovecraft
Que el apellido de una actriz estadounidense se traduzca literalmente como "panadero" no debería ser material de conspiración. Pero en internet, la etimología nunca fue obstáculo. La teoría sostiene que Hayden Panettiere esconde un homenaje a H.P. Lovecraft: "Hayden" sonaría a "hidden" (escondido) y "Panettiere" remitiría al dios Pan de Arthur Machen, el escritor galés que obsesionó al autor de Cthulhu. Las iniciales, encima, son las mismas: H.P.
Una etimología que no aguanta el primer mordisco
La crítica filológica es rápida y contundente. Hayden es un apellido anglosajón documentado desde el inglés antiguo, nada que ver con "hidden". Y Panettiere, sencillamente, significa "panadero" en italiano, oficio del gremio del pan, no del dios Pan. Quienes han analizado la teoría lo resumen como pareidolia lingüística: ver caras en las nubes, o en este caso, ver cultos ancestrales en un registro de apellidos. Si el método se aplicara con rigor, cualquier nombre con una letra repetida escondería una logia.
Lo que sí es cierto: Machen influyó en Lovecraft
Aquello de lo que nadie discute es la deuda literaria. Lovecraft consideraba a Machen uno de los grandes maestros del horror y lo incluyó en su ensayo
El horror sobrenatural en la literatura (1927) entre los "creadores vivos de miedo cósmico". Sin Machen, y sin relatos como
El gran dios Pan, los mitos de Cthulhu probablemente no habrían sonado igual. La conexión literaria existe; la conspiración onomástica, no.
La telaraña oculista: de la Golden Dawn a Alan Moore
La especulación va más allá y entronca con el esoterismo de entreguerras: la Golden Dawn, Aleister Crowley y la supuesta relación del ocultismo con el nazismo, popularizada por
El retorno de los brujos de Pauwels y Bergier. Ahí entra Alan Moore, que en su película
The Show pone a Hitler en la coctelera lovecraftiana. Moore se declara mago y se mueve en el círculo de Crowley, igual que su colega Grant Morrison, creador de
Los Invisibles. La anécdota es jugosa: los dos se enzarzaron en una convención a base de "picos mágicos", dos esoteristas echándose maldiciones con cara de enfado. Eso, al menos, es real. Que detrás haya una conspiración organizada es otra cosa. "Moverse en el mundo de Crowley" es un ambiente de egos y flipados que se creen titulares de la realidad, no una logia que controle los medios.
La ficción que se confunde con la historia
La serie
Lovecraft Country tampoco ayuda. En ella aparece una sociedad secreta, los Hijos de Adán, que algunos identifican con la Golden Dawn y la pureza aria. Pero la comparación cojea: la Golden Dawn real era un sincretismo masónico y rosa cruz con miembros de todo origen, incluidos judíos, algo que los nazis habrían detestado. La serie bebe más de la crítica racial que de la ariosofía. La mezcla de Lovecraft con la conspiración nazi-ocultista tiene más de espectáculo que de documental.
Al final, la pregunta queda en el aire: ¿por qué tanto empeño en convertir un apellido italiano de panadero en la llave de un culto ancestral? Quizá porque, como decía Lovecraft, el miedo cósmico empieza cuando la realidad se vuelve demasiado mundana. O quizá porque internet nunca ha sabido resistirse a un buen nombre con siglas.