250 euros por The Weeknd: cuando la experiencia gana al índice
Un asistente pagó 250 euros por ver a The Weeknd en Madrid y su veredicto es que no se arrepiente. No es un caso aislado: el artista llenó tres veces el estadio Metropolitano en un mismo fin de semana. Algo más de 180.000 personas, sumando las tres citas, habían decidido antes que él que el precio merecía la pena.
¿Qué es mejor: una noche o un futuro mejor?
La contraposición clásica la resume una comparación recurrente: con 250 euros también se puede comprar una participación en un índice global como el MSCI World. En un entorno con tipos de interés elevados, ese dinero tiene un coste de oportunidad real: lo que hoy son dos días de ocio, dentro de veinte años podría ser una pequeña fortuna. Los defensores del ahorro tienen números, pero ignoran la utilidad que genera una experiencia irrepetible.
La demanda solvente contra el prejuicio
En el lado contrario, hay quien sostiene que el artista es de los pocos que justifican el precio. Y el mercado respalda esa opinión: tres llenos en un estadio de gran capacidad no dejan lugar a dudas. Quienes critican el gasto desde la sarracena social olvidan que el ocio masivo es un motor económico considerable. Los conciertos generan empleo, hostelería y turismo, además de dejar un margen sostenible a la industria musical. El precio, en una economía de mercado, no es una opinión: es el punto donde la oferta y la demanda se cruzan.
El dato que descoloca a los puristas del ahorro es el propio lleno del Metropolitano. Si 180.000 personas están dispuestas a soltar 250 euros por una noche, la discusión sobre si es demasiado se responde sola. La experiencia vale exactamente lo que alguien paga por ella, y este fin de semana ha valido mucho.