La hipótesis de Riemann es compleja hasta para el propio Rienmann, y eso que se basaba en cálculos previos suyos, o planteamientos suyos, aceptados por la comunidad matemática y física, eso sí.
Los ceros triviales, ya era una expresión cuasi filosófica para definir a una serie de números negativos (en principio y por lo poco que sé), que forman parte de la hipótesis de Rienmann y que tienen una característica común.
Básicamente, tales números llamados triviales, que, como digo, es una de las partes de la hipótesis de Rienmann, son, o se podrían definir, según una explicación básica, como los valores enteros negativos pares (−2, −4, −6, ...) en los que la función zeta de Riemann, ζ(s), toma el valor de cero. Su nombre "trivial" proviene de su fácil cálculo, que se deriva directamente de la ecuación funcional de la función zeta, mientras que la distribución de los ceros no triviales —que se encuentran en una región llamada la banda crítica— es el foco principal de la hipótesis de Riemann.
Nota: después dicen algunos, profesores de matemática o también, que por qué se odian las matemáticas, cuando es lenguaje del universo. Tal vez, por eso, por ser el lenguaje del universo las matemáticas es por lo que ni los físicos ni los matemáticos entienden poco más allá del 5% de lo que está hecho el universo (de lo que estamos hechos nosotros como seres humanos, las cosas, como las piedras o el gas, o el agua y el vacío que llena casi todo lo que es visible e invisible, aunque mirando al cielo, en un día despejado fuera de la contaminación lumínica de cualquier ciudad o fogata cercana, dirías que casi todo está lleno de estrellas (incluso sin ver que en cada estrella, cuando menos, hay varios planetas orbitándola).
Sin embargo, si pudieras volar hacia ellas, según te vas acercando, las distancias entre tales luces se expanden hasta darte cuenta de que, básicamente, el universo es vacío, en proporciones de 99 a 1. De igual manera ocurre en nuestro cuerpo, con nuestras células, neuronas, cualquier cosa que consideremos materia.
Da qué pensar o para plantear alguna otra hipótesis, como la de Rienmann, para explicarlo, aunque sea más comprensiblemente.