La fiebre del samurái poseído llega al rellano
¿Puede el espíritu de Toyotomi Hideyoshi, el unificador de Japón del siglo XVI, instalarse en un vecino de tu escalera y convencerle de que raye a katana las puertas de todos? Según un episodio que circula en redes, sí. El sujeto en cuestión, armado con la katana de Hattori Hanzo, decidió imitar el estilo de Oda Nobunaga, el “Rey Demonio”, y dejar a tajos las puertas de sus vecinos mientras profería improperios. La escena tiene su público: unos piden complementar el ataque con shuriken clavados como advertencia; otros ven material para un manga; algunos lamentan que no invocara a Masamune, el legendario forjador, en lugar de a Hideyoshi. El episodio, en apariencia absurdo, enciende el debate sobre la fascinación contemporánea por la cultura samurái y sus manifestaciones más ridículas.
La posesión histórica es un clásico del folclore urbano, pero aquí adquiere un matiz español. El autor de la ocurrencia es, en el fondo, un aburrido dominguero que, tras agotar el repertorio de ocio dominical y no encontrar estímulo en la cartelera, decide emular a los señores de la guerra. La mezcla de épica y sátira no es nueva: algunos testigos sugieren ponerle a la escena la banda sonora de Philip Glass, mientras otros recuerdan al maestro Paco Martínez Soria como contraprogramación. La puntuación general no pasa de 3 sobre 10, no por falta de sangre, sino por la ausencia de una referencia a Masamune.
En definitiva, la cultura del samurái sigue coleando en Occidente, pero su adaptación a los portales españoles produce más risa que terror. Los vecinos, por si acaso, pueden ir comprando una puerta blindada; el espíritu de Hideyoshi, al parecer, no entiende de urbanizaciones privadas.