Ronin: la maleta que nunca se abre y divide al público
Hay quien la defiende como un clásico del cine de acción; otro sector la despacha como un truco vacío. La película de John Frankenheimer protagonizada por Robert De Niro y Jean Reno lleva más de dos décadas generando el mismo dilema: ¿es una obra maestra o un engaño?
El McGuffin que nunca se abre
La premisa es simple: un grupo de mercenarios es contratado para robar una maleta que contiene algo tan importante que nadie se molesta en explicar. Durante más de hora y media, persecuciones a ritmo frenético, traiciones y diálogos crípticos. Al final, la maleta no se abre. Y esa es la gracia, dicen unos; el mayor de los despropósitos, dicen otros.
Los defensores destacan las escenas de acción rodadas sin CGI, a la vieja usanza, con un realismo que hoy no se ve. El McGuffin -palabra técnicamente correcta- importa menos que la tensión y el oficio de sus intérpretes. Los detractores responden con agujeros de guión, personajes planos y una trama que se resume en una línea: alguien contrata a alguien para conseguir algo.
La polémica que trasciende la pantalla
La controversia va más allá del cine. Durante el rodaje en Niza, De Niro fue arrestado por la gendarmería francesa en relación con un caso de prostitución menor de edad, según relató Jean Reno en una entrevista. El actor fue absuelto y prometió no volver a Francia, promesa que acabaría rompiendo.
El tiempo ha convertido Ronin en un objeto de culto no por su coherencia narrativa, sino precisamente por su ambigüedad. La pregunta sigue ahí: si el director nunca quiso abrir la maleta, ¿qué nos está diciendo? La respuesta, como la propia película, queda abierta. Otros prefieren verla dos veces para convencerse de que entienden algo, aunque solo sea el espejismo.