Adiós al petrodólar: China y Rusia eligen el yuan para el comercio en Asia y Latinoamérica
Cuando la segunda economía del mundo y el mayor exportador de materias primas deciden facturar sin pasar por el dólar, algo se rompe. No es una declaración de intenciones: es la hoja de ruta que lleva años cocinándose y que, según los datos disponibles, ya está en marcha. El billete verde recibe un nuevo mazazo, y esta vez no viene de un discurso, sino de acuerdos concretos que empiezan a desplazar al dólar en dos continentes.
El yuan toma la delantera en los flujos comerciales
El acuerdo entre Rusia y China para liquidar sus transacciones en yuanes no es un caso aislado. A esa alianza se suman Brasil, India y un creciente número de países que ya operan en la moneda china. El movimiento tiene una lógica aplastante: ¿para qué convertir yuanes en dólares si se puede comprar directamente petróleo, gas o minerales con la moneda del comprador? Los números cantan: Rusia multiplicó por 22 sus ventas de petróleo a la India utilizando el yuan, según datos de marzo de 2023. China, por su parte, se ha hecho con media África y ya negocia en su divisa con el continente. La pregunta no es si el yuan se impondrá, sino cuánto tardarán los países latinoamericanos y asiáticos en subirse al carro.
El G77, los BRICS y la nueva arquitectura financiera
Lo que empezó como un movimiento bilateral se ha convertido en un fenómeno colectivo. Más de 40 países han mostrado interés en unirse a los BRICS, y el G77, con China y 130 naciones en desarrollo, ha reclamado abiertamente un «nuevo orden económico». En septiembre de 2023, la cumbre del G77 en Cuba pidió expresamente reducir la dependencia del dólar. Paralelamente, China vendió 40.000 millones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense, y Pimco, uno de los mayores gestores de fondos del mundo, declaró su preferencia por bonos fuera de EE.UU. La señal es clara: incluso los grandes capitales empiezan a diversificar sus apuestas.
El euro, víctima colateral del terremoto monetario
La moneda única europea no sale bien parada del análisis. Atada al dólar por intereses políticos y económicos, el euro es «el perrito del dólar», como se resumió en los debates. Si el billete verde se hunde, el euro lo seguirá. La ironía es que Europa podría haber jugado un papel independiente, pero prefirió alinearse con Washington. Ahora, con el yuan ganando terreno, el euro se queda sin asiento en la mesa de las nuevas potencias.
Con la máquina de imprimir dólares funcionando sin freno y una deuda pública estadounidense que amenaza los mercados globales de renta fija, el escenario es de manual para una transición monetaria. El dólar no desaparecerá mañana, pero la «Operación Sandman» de la que hablan algunos analistas -la venta coordinada de bonos americanos por parte de un centenar de países- ya no suena a conspiración. Es, sencillamente, la lógica de un mundo que ya no quiere pagar el pato de la hegemonía estadounidense.
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