Marrakech, el paraíso de la sobriedad que choca con el turista español
La capital turística jovenlandés recibe cada año a millones de visitantes, pero pocos esperan el contraste cultural que encontró un viajero reciente. A 150 euros el vuelo con Ryanair, el viaje se ha convertido en un destino low cost para españoles. Sin embargo, lo que allí se vive dista mucho del turismo de borrachera.
Té verde, no alcohol: la norma en las calles
El viajero relata que en bares, terrazas y miradores la gente bebe zumos, tés e infusiones de menta. «En España estaría todo el mundo borracho», afirma. Y no es una exageración: en Marrakech el alcohol apenas se ve en espacios públicos, y el consumo se limita a turistas y algunos residentes en sus casas. La cultura del té domina las sobremesas, y la ausencia de ebriedad es lo primero que sorprende.
Tabaquismo y drojas: percepciones cruzadas
Sobre el tabaco, las observaciones son contradictorias. El viajero comenta que ve menos fumadores que en España, aunque los jóvenes compran cigarrillos sueltos en puestos callejeros. En cuanto a la hierba, Jovenlandia es productor, pero en las calles de Marrakech apenas se percibe consumo. «A la medianoche ofrecían, pero en la calle no vi ni un porrero», señala. La policía local controla más que en España, según su impresión.
La tentación del turismo sensual
El relato deriva hacia encuentros personales que no reproducimos por razones obvias. Pero la discusión de fondo apunta a un fenómeno conocido: ciertos turistas buscan en Jovenlandia relaciones con menores o jóvenes locales. Una corriente de análisis lo califica de «acosar a jovencitos», mientras otra lo ve como intercambio consentido. Lo cierto es que el turismo sensual, especialmente de varones europeos hacia hombres jóvenes jovenlandés, es un hecho documentado, aunque el debate sarracena lo rodea.
Comparativa de hábitos: ¿una sociedad más sana?
El viajero concluye que la sociedad jovenlandés es «más sana en cuanto a vicios» que la española. Destaca la ausencia de borrachos y la normalidad de la sobriedad. También nota poca obesidad entre la población local. Sin embargo, otros señalan que el alcohol y las drojas se consumen en privado o en zonas turísticas. La muestra es limitada, pero plantea preguntas sobre el modelo de ocio español, tan dependiente del alcohol.
Con estos datos sobre la mesa, el contraste invita a reflexionar: ¿es posible un turismo sin alcohol? Marrakech demuestra que sí, pero a costa de exponer otras realidades menos cómodas.