Crypto marcianitos: el x70 real y el x3000 que se promete
El sector de los videojuegos con tokens ha dejado de ser una promesa para convertirse en una fiebre con nombre propio: los
crypto marcianitos. La tesis que recorre las conversaciones es que el bitcoin ha muerto y nadie le ha avisado, y que el dinero ya no está en minar ni en holdear, sino en criar bichos digitales, repartir pizzas virtuales y apostar por granjas de animales NFT. En medio de una economía global hundida, la promesa es clara:
hacer un x3000 desde el salón de casa. La realidad que se documenta es más modesta pero igual de llamativa: hay quien ha logrado un
x70 en quince días comprando un token de juego a 0,40 dólares y vendiéndolo a 4.
Qué es un crypto marcianito y por qué se ha convertido en el nuevo casino
El planteamiento inicial es ambicioso: los juegos
blockchain son la nueva era del gaming y su economía se parece cada vez más a la de Ready Player One. Se describe un escenario en el que millones de personas, en una economía precarizada, dedican jornadas de doce horas a criar criaturas digitales para obtener ingresos. La Agenda 2030 aparece en el relato como telón de fondo de esa distopía, y el diagnóstico de fondo es que hoy no solo no se produce nada, sino que se paga por destruir la producción. Lo que mueve el mercado, se sostiene, es la especulación pura y dura.
El catálogo que se maneja es amplio y se organiza por géneros. En rol de navegador aparecen Dungeon Swap, Arena Swap, CryptoBlades y Rune. En rol de acción, Mist, The Sandbox, Decentraland y Ember Sword. En la categoría de coleccionar criaturas, Axie, My Defi Pet, Binomon, Mobox, Zoo Crypto y Revomon. Para fútbol, Sorare. Y en el horizonte de los triple A se cita Mirandus como el Minecraft o el World of Warcraft del blockchain. La advertencia que acompaña a la lista es tan importante como la lista: esto se va a llenar de fraudes, conviene comparar los whitepapers y desconfiar de todo lo que brille.
El x70 de un jugador y el x100 de las monedas de comedoritos
El testimonio más concreto de rentabilidad lo aporta un participante que reconoce haber pasado de 5.000 a un pico de 20.000 euros en abril, caer después a 8.000 y decidir entonces meter 6.000 en farming y 2.000 a los juegos de play to earn. Su gran acierto fue comprar un token a 0,40 y venderlo a 4 dólares: un
x70 en quince días. Después reinvirtió todo en otro proyecto, del que dice que tiene el mejor equipo y el mayor potencial de todos los que ha leído, y mantiene la esperanza de que si llega a los 2 dólares vivirá holgado una buena temporada. Su único lamento es no haber metido los 8.000 euros completos en el primer token, porque le pareció demasiado para un simple juego.
La otra cifra que circula es más irónica: las monedas de comedoritos, en referencia a los tokens de juegos, han hecho un
x100 en una semana. El comentario resume el tono general: asombro y burla a partes iguales. Hay quien presume de haber metido 400 euros «de cachondeo», haber puesto un tercio en staking y haber multiplicado por siete en un día. Y hay quien responde con el cálculo más sensato: si el supply total y el marketcap ya son elevados, es evidente que se ha llegado tarde a la fiesta.
La rotación constante: de un token a otro en cuestión de horas
La dinámica que describe el material es la de una rotación permanente. Un proyecto se compra, se vende al día siguiente, se vuelve a comprar cuando sube y se abandona cuando baja. Se habla de salir de un token para entrar en otro, de diversificar con un tercero y de dejar un cuarto «a ver qué hace». Aparecen nombres que salen al mercado con horas de vida y marketcaps de seis millones de dólares en tres minutos, gráficas en forma de «n» que anticipan el desplome y advertencias de que la página web no carga. La regla que se repite es la del inversor prudente: vender la mitad al hacer x2 para recuperar lo invertido y dejar correr el resto.
El problema de fondo es que la mayoría de estos proyectos no atraen jugadores por mucho marketcap que tengan. Un juego puede tener una capitalización enorme y una comunidad inexistente. La advertencia se hace explícita: hay que mirar los whitepapers, comparar la antigüedad del proyecto, el número de holders y desconfiar de las preventas que arrancan ya crecidas. El salvaje oeste, se dice, funciona así: el mismo que vende un paquete de 52.000 dólares compra antes otro de 42.000 para inflar el precio.
El ciclo se agota: cuando el mercado corrige, los juegos NFT caen
La euforia tiene fecha de caducidad. En un momento del ciclo, la reacción tanto del bitcoin como de muchas altcoins arrastra a los juegos NFT, y la mayoría registra bajadas importantes. Un token cae casi a la mitad de su precio máximo después de haber subido más de un 8.000% en un mes. Otro, con una subida mensual del 800%, también retrocede. La versión alfa de un juego sale al mercado y su token lleva días cayendo. El patrón se repite: subidas verticales seguidas de correcciones severas.
El perfil del inversor que aparece en el material es el de alguien que reconoce estar enganchado. «El MOFO por otras shitcoins y el FUD me superan», se dice, y se admite que hace falta un control emocional de maestro o ser un flipado al que le suene la flauta alguna vez. La conclusión personal es que eso no es vida y que habrá que buscar actividades para evitar el FUD. La pandemia aparece como excusa para no hacerlo. El análisis se atasca exactamente ahí: en la dificultad de mirar el mercado una vez a la semana cuando el mercado mira al inversor cada minuto.
Datos clave del fenómeno
- Un inversor pasó de 5.000 euros en enero a un pico de 20.000 en abril y a 8.000 quince días antes de su intervención.
- El x70 se logró comprando a 0,40 dólares y vendiendo a 4 dólares en quince días.
- Las monedas de juegos hicieron un x100 en una semana según el comentario más repetido.
- Un token subió más de un 8.000% en un mes antes de caer casi a la mitad de su máximo.
- Otro proyecto acumulaba una subida mensual del 800% antes de corregir.