Mourinho vuelve al Real Madrid con 194M en ventas de canteranos
Septiembre de 2026. El Real Madrid de la temporada 2026/27 ya está en marcha con José Mourinho sentado de nuevo en el banquillo y Florentino Pérez refrendado al frente del club. La operación de verano se ha saldado con siete refuerzos (Konaté, Dumfries, Cucurella, Bernardo Silva, Endrick, Espí y Diomandé), la renovación de Vinicius hasta 2032 y un fichaje de 120 millones por el extremo Diomandé. Repetimos la cifra porque es la que duele: 120 millones. La lectura oficial habla de reconstrucción ordenada. La que circula en la grada dice otra cosa: un club que vende su cantera para financiar cromos y que encomienda el orden a un entrenador al que unos ven como la última esperanza y otros como un jubilado con siete idiomas.
El último baile de Florentino y la segunda venida de Mourinho
Florentino Pérez fue reelegido presidente. Lo hizo con mayoría clara, aunque un 35% de los votos fue a parar a un candidato alternativo, Riquelme, al que sus críticos sitúan llamando «Mandril» al club y tomándolo a broma. El argumentario de los fieles al presidente es difícil de rebatir en términos contables: siete Champions y tres Euroligas de baloncesto, fichajes como Zidane, Modric o Cristiano, la reforma del estadio y ese episodio de rueda de prensa que ya es folclore. Nadie es perfecto, admiten, ni siquiera él, que también alumbró la sección de fútbol femenino y un partido político de la mano de Miquel Roca. Lo que ahora se le reclama es un final justo para el caso Zain, con o sin intervención internacional. Y para explicarlo, dicen, nadie mejor que Mourinho.
Diomandé: 120 millones por un jugador que costó 20
El fichaje más caro de la historia del club responde al nombre de Yan Diomandé. El Leipzig lo compró por 20 millones y lo ha vendido por 120. Un bowling que en el mercado se lee como una constatación incómoda: el dinero ya no mide el talento, mide la plusvalía. Hay quien sostiene que Florentino no habría ganado unas elecciones presentando a Diomandé como su gran galáctico. Y hay quien recuerda que, en plena inflación del mercado, cualquier joven con potencial cuesta hoy más de 100 millones, sea del tonalidad que sea. Lo que casi nadie discute es que el fichaje no tapa las carencias: falta un mediocentro y falta un nueve.
Vinicius renueva hasta 2032 y la cantera paga la fiesta
El brasileño ha firmado hasta el 30 de junio de 2032. La noticia ha partido a la afición. Unos ven continuidad en el proyecto; otros, el compromiso más discutible de la década. El argumento escéptico tiene una fecha y un perfil: los extremos de su escuela rara vez sostienen el nivel más allá de los 28. En paralelo, el club ha cerrado el verano ingresando 194,5 millones por sus canteranos, más del 86% de todo lo gastado en fichajes. La cantera, en otras palabras, ha financiado el mercado. Y un viejo rumor vuelve cada temporada: que a Camavinga se le podría traspasar por 70 millones.
El mediocentro que nadie ficha
Aquí está el nudo. Desde la retirada de Kroos y Modric, la ausencia de un organizador es una evidencia que casi todo el mundo comparte. El año pasado el mercado ofrecía a Zubimendi; el club compró a un mediapunta por un precio similar y lo justificó diciendo que se esperaba a otro. Este verano Zubimendi se ha ido al máximo rival y el Madrid afronta la temporada sin el pivote que pedía la lógica. La gestión del puesto alimenta una sospecha concreta: que el palco prioriza el escaparate, una estrella de mundial, sobre las necesidades del once. El centro del campo, mientras tanto, sigue sin dueño.
La camiseta, la política y las tres ausencias
Un episodio ha tensado la temporada antes de empezar. Tres futbolistas extranjeros de la plantilla quedaron en el centro de una polémica social al no pronunciarse sobre Ceuta, en un clima de tensión política y ruido mediático que el propio club no ha logrado encauzar. Las lecturas son opuestas y, en muchos casos, excesivas. Hay quien lo interpreta como un desaire a España; hay quien responde que a ningún futbolista debería exigírsele una declaración patriótica, y menos cuando en el debate nacional nadie se pone de acuerdo. Lo verificable es que el asunto se ha usado como munición. El fútbol, otra vez, de rehén.
Árbitros, CTA y la teoría del atraco permanente
Ninguna temporada del Madrid se entiende sin el capítulo arbitral, y esta no ha sido excepción. Las quejas por decisiones polémicas —goles anulados, penaltis no señalados, la sensación de que solo se pita en una dirección— se han multiplicado con el arranque liguero. La tesis más dura sostiene que el club arrastra un perjuicio sistemático del colectivo arbitral desde hace décadas. La más moderada responde que la queja permanente es una excusa cómoda y que gana quien más roba. Entre ambas, un dato objetivo: el equipo necesitó marcar varios goles en las primeras partes para cerrar partidos que luego se complicaban. La temporada previa dejó el mismo patrón: catorce victorias seguidas contra rivales menores y un correctivo cada vez que aparecía uno grande.
De momento, nadie sabe el resultado
El equipo, dicen los más templados, arrolla en las primeras partes y se descompone en las segundas: un problema de fondo físico que debería corregirse con el rodaje. Es septiembre y la maquinaria no está a tono. Pero la sensación que deja el verano no es solo física. Con Mou en el banquillo, la cantera convertida en caja y la grada partida, la temporada 2026/27 no va solo de fútbol. Va de hacia dónde se vende el club. Y ahí, por ahora, el marcador sigue abierto.