Todo español que no considere que Europa, o una gran parte de ella, fue española y podría volver a serlo, no es español o es español con sentido de la realidad actual.
La llamada "hispanidad" es una forma de desmerecer lo que fue España, pues tales territorios y personas que en ellos habitaban tuvieron los mismos derechos y deberes que cualquier ciudadano español, al margen de su raza, tonalidad de piel o creencias, por lo que eran España, no un pensamiento difuso como el supuesto concepto de "hispanidad".
Es por ello que no es que consideremos a Europa nuestra patria, sino que Europa es parte, en gran parte, de nuestra patria, que es casi lo mismo, pero al revés y sin hispanidad ni cosas así en las que el derecho del ciudadano queda relegado a lecturas borrosas, cuando, en su momento, cualquier persona de un territorio español era ciudadano español y, por tanto, con los mismos derechos y deberes que un García-Martínez de toda la vida. Y, además, así ocurrió, pues se condenó a Garcías-Martínez en fruta con Athaulpa Tlaxclo.
No sé cómo se llamará en el futuro tal territorio de tal línea de pensamiento, pero la realidad es esa, al margen de cómo se llamen en el futuro los territorios que una vez se llamaron Nueva España o Nuevo Madrid o los países bajos o más bajos o Sicilia o las Filipinas por el rey Felipe (no el actual)... y tantos otros lugares del mundo... y de Europa.
Lo que ocurra y lo que pase, no lo sé, pero sí sé lo que pasó y ocurrió y, por eso, en cualquier caso y pase lo que pase, no es que España o un español considere su patria Europa, sino que Europa es parte del español y, por tanto, parte de España. Otra cosa es lo que haya pasado o pase y lo que nos digan que debemos sentir, aunque muchos, cada vez más, sintamos lo que sea sin avergonzarnos de ello.