Fomenko no era historiador, pero su teoría de que la Historia Antigua es un invento medieval lleva 16 años en un foro activo
Afirmación tajante: La cronología convencional es un montaje gestado entre los siglos XVI y XVII para servir a los intereses de la Iglesia y los nacientes Estados-nación. Esta es la tesis radical de Anatoly Fomenko, matemático ruso que encontró en internet un caldo de cultivo perpetuo.
La discusión, iniciada hace más de 5.800 días, ha acumulado 3.297 respuestas y se ha convertido en uno de los repositorios más longevos de la «Nueva Cronología» en español. Lo que empezó como un intento de traducir sus libros derivó en un laboratorio de especulación histórica donde nada es lo que parece.
El núcleo de la teoría: mil años borrados de un plumazo
Fomenko sostiene que la historia anterior al año 1000 d.C. es un espejismo: los reinos egipcios, la Grecia clásica, Roma, los visigodos y Carlomagno serían proyecciones de la Edad Media tardía. Según esta corriente, todo lo que se sitúa entre los siglos XI y XVI estaría condensado en la Antigüedad y la Alta Edad Media. Es decir, una «compresión» de unos mil años.
Los argumentos se apoyan en supuestas anomalías astronómicas, la falta de documentos originales —siempre copias posteriores al siglo X— y la datación de monumentos como Stonehenge o Pompeya. Una de las piezas recurrentes es el llamado «Mecanismo de Anticitera», cuya tecnología avanzada no encajaría, según ellos, en la Grecia del siglo II a.C.
De las pruebas ocurrentes a la evidencia sólida
La respuesta de los historiadores profesionales es demoledora: la epigrafía, la numismática y la dendrocronología proporcionan cientos de líneas de evidencia independientes que encajan perfectamente. Se citan monedas visigodas que siguen una secuencia ininterrumpida de reyes entre los siglos V y VIII, o el hormigón romano —opus caementicium— cuya fórmula se perdió en Europa hasta el siglo XIX.
«Esta teoría no resiste ni el examen más superficial de la arqueología de campo», resume un sector del análisis. Quienes la defienden replican que toda esa evidencia procede de fuentes manipuladas, y acusan a los bolandistas o al Concilio de Trento de haber reescrito la historia al servicio de una agenda.
El salto a la lingüística comparada y la deriva apocalíptica
Con el tiempo, el hilo derivó hacia etimologías alternativas: el término «nadal» se vincula con vocablos estonios y rusos, «pagoda» con «pakhod», y «navidad» con el dios eslavo Kolyada. La idea de que todas las lenguas romances descienden del eslavo es otro de los postulados recurrentes.
En las últimas páginas, el tono se vuelve más críptico: aparecen referencias al Nuevo Orden Mundial, al sionismo y a profecías bíblicas sobre el Arrebatamiento. Lo que empezó como un debate historiográfico termina en un sermón apocalíptico, revelando quizás la naturaleza del movimiento: un refugio para desconfiados del relato oficial que encuentra en Fomenko una explicación totalizadora.
Cierre con reservas: La teoría de Fomenko ha sido desmontada por la comunidad académica una y otra vez, pero su persistencia en la red demuestra que la demanda de narrativas alternativas no decrece. Mientras exista un hueco entre la complejidad de la historia real y la necesidad de respuestas simples, la Nueva Cronología encontrará quien la mantenga viva.
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