La pregunta incómoda del Tratado de Waitangi en plena charla trivial
Una mañana cualquiera, entre el primer trago de café y los panecillos con queso cottage, alguien suelta una pregunta que no pega ni con cola: qué opinamos sobre el Tratado de Waitangi y la desposesión territorial y política que sufrieron los maoríes. La cuestión merece más que un comentario de pasillo.
Qué fue el Tratado de Waitangi
Firmado en 1840 entre la Corona británica y los jefes maoríes de Nueva Zelanda, el Tratado de Waitangi es el documento fundacional del país. Pero tiene un problema de base: las versiones en inglés y maorí no dicen lo mismo. En la versión inglesa, los maoríes cedían «soberanía» a la Corona; en la maorí, cedían «gobernanza» y mantenían la jefatura sobre sus tierras y tesoros. Esa discrepancia ha alimentado más de siglo y medio de reclamaciones.
La desposesión que aún pesa
Sobre el papel, el Tratado garantizaba a los maoríes la posesión de sus tierras. Sobre el terreno, las ventas forzosas, las confiscaciones posteriores a las guerras y las leyes de expropiación vaciaron gran parte del territorio maorí. El resultado: una comunidad que pasó de controlar la práctica totalidad del país a conservar una fracción mínima. Las compensaciones económicas del Tribunal de Waitangi, creado en 1975, han paliado parte del agravio, pero la disputa sobre el alcance de la soberanía sigue abierta.
Mientras tanto, la conversación en la que asomó el Tratado se pierde entre bromas sobre la edad y la falta de ubres de la leche de avena. Quizá sea una metáfora: lo importante nunca llega en el momento adecuado, sino cuando menos se espera.