Pedir asilo en Palestina siendo homosexual: la contradicción que nadie explica
Pedir asilo político en Palestina siendo homosexual no es una estrategia de supervivencia; es, en el mejor de los casos, un ejercicio de ignorancia jurídica. La afirmación, difundida en redes sociales, ha generado un intenso debate sobre la situación real de los derechos LGTBI en los territorios palestinos. Pero un análisis detallado de la legislación vigente revela una realidad incómoda que desmonta el discurso.
Dos códigos penales, una misma tierra
Jurídicamente, no existe una única Palestina. En Cisjordania sigue vigente el código penal jordano de 1951, reformado en 1960, que no penaliza las relaciones entre personas del mismo sexo. Jordania las despenalizó en 1951 y, al anexionarse Cisjordania, extendió allí el mismo texto. Sobre el papel, por tanto, la homosexualidad es legal en esa zona.
En Gaza, sin embargo, rige otra norma: la ordenanza penal del Mandato Británico de 1936, que nunca fue derogada. Esta ordenanza incluye disposiciones que penalizan las relaciones homosexuales, con penas que pueden llegar a la cárcel. Así, la legalidad depende del lugar exacto donde uno se encuentre.
La persecución real: el caso Al Qaws
La ley no es el único obstáculo. En agosto de 2019, el portavoz de la policía palestina, Louai Irzeqat, anunció que prohibirían cualquier acto de la asociación Al Qaws, una organización LGTBI que operaba en Cisjordania. La calificó de «grupo sospechoso» y prometió detener y procesar a sus miembros. Este anuncio, aunque no se tradujo en detenciones masivas, evidencia que la persecución social y política es real, independientemente del texto legal.
El precedente histórico español
El debate también ha rescatado un episodio de la historia de España. La Ley de Vagos y Maleantes, promulgada en 1933 durante la Segunda República, no incluía la homosexualidad. Fue el régimen de Franco quien, en 1954, modificó la ley para incluir a los homosexuales, utilizándola como instrumento de represión. Esta referencia histórica se ha usado para argumentar que la derecha española actual no es comparable con aquel régimen, pero también para recordar que la persecución legal puede llegar de cualquier lado.
La reacción pública y la credibilidad
La afirmación original ha sido recibida con escepticismo y burla en amplios sectores. Muchos señalan que quien la formula no parece conocer la realidad de los territorios palestinos, donde la comunidad LGTBI sufre discriminación y violencia. Otros, más cínicos, sugieren que se trata de una provocación deliberada para generar polémica. En cualquier caso, la falta de conocimiento jurídico y social es evidente.
Es probable que esta afirmación no pase de ser una provocación en redes sociales. Pero si alguien la tomara en serio, el desenlace sería trágico. La realidad legal y social en Palestina dista mucho de ser un refugio para la comunidad LGTBI, y la contradicción entre el discurso y la práctica es un recordatorio de que la ignorancia puede ser peligrosa.