La protesta ante la embajada de Marruecos saca a la luz la gran pregunta: ¿de quién son las fronteras?
¿De quién son las fronteras? Esa es la pregunta incómoda que sobrevuela la manifestación convocada para mañana ante la embajada de Marruecos. La protesta, en principio dirigida contra la presión migratoria y la política exterior marroquí, se ha convertido antes de celebrarse en un debate sobre quién debe rendir cuentas: si Rabat o Madrid.
Hay quien sostiene que la convocatoria llega ya contaminada. La sospecha de que una parte de los asistentes serán policías de paisano listos para provocar una carga policial se repite con fatiga: es una película ya vista. Otros análisis bajan el listón de las expectativas y ven una movilización desorganizada, sin un mensaje capaz de incomodar al poder.
El espejo de la responsabilidad
El argumento con más recorrido, sin embargo, señala hacia dentro. Quienes recuerdan quién controla los pasos fronterizos, la Guardia Civil y el Ejército concluyen que la culpa no está en el país vecino, sino en una clase política que mira la migración desde el despacho y responde con retórica. Si mañana hay cargas o silencios, el retrato que devuelva la protesta no será de Marruecos, sino de la gestión propia.
Y ahí, el silencio oficial dice más que cualquier comparecencia.