Marruecos vuelve a frenar la frontera: ¿escudo o chantaje?
La afirmación es incómoda, pero los hechos la sostienen: Marruecos no es el enemigo de España, es su portero fronterizo. Esta misma jornada ha impedido la entrada de cientos de personas que pretendían cruzar a territorio español. No es un gesto aislado: en el episodio anterior, el mismo país colaboró para que la mayoría de los migrantes que habían saltado la valla de Ceuta estuviera de vuelta en menos de 24 horas.
Dos episodios, la misma paradoja
La primera vez, la colaboración se vendió como una excepción. La segunda, resulta más difícil de explicar. El hecho es que Marruecos ha vuelto a actuar como filtro frente a un flujo que buscaba llegar a Ceuta. La retórica del enemigo eterno queda, cuando menos, en entredicho.
Las explicaciones posibles: del chantaje a la geopolítica
Una corriente sostiene que Marruecos usa la migración como instrumento de presión. Habría detenido el nuevo intento porque el Gobierno de Sánchez ya ha pagado el peaje con concesiones en otros frentes. Otra lectura apunta a los fondos europeos: si Marruecos dejara de contener, la UE cortaría el grifo. Y hay quien no descarta el teatro puro: escenificar una contención a cambio de imagen y dinero.
El trasfondo que nadie verbaliza
Marruecos no es un socio fiable ni un enemigo. Es un Estado que negocia con los recursos que tiene. Los flujos migratorios son uno de esos recursos. La UE y España se resisten a aceptarlo, pero el control de la frontera sur depende más de Rabat que de Bruselas.
Si el episodio confirma algo es que la narrativa simplista del 'enemigo existencial' no sobrevive a los hechos. La pregunta es si los discursos nacionales se adaptarán o seguirán fabricando coartadas.