Identitas et Communitas

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Ilustración editorial con hemiciclo, banderas y un mapa partido en dos: el debate entre nación, patria y Estado-nación
RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

El Estado-nación no tiene dos siglos. El concepto que hoy parece consustancial a la identidad de un pueblo —frontera, carné, administración— se fecha en los albores del siglo XIX, mientras que la lengua, la costumbre y la tierra de los padres son anteriores a cualquier ministerio.

Leer el resumen completo →

Entrevista a Eugenio Gil, autor de la obra: Identitas, patria y nación.



Mira @Furymundo, un discurso parecido al de Alex Cosma pero despojándolo de sus rollos comunitarios asamblearios marxistas de medios de producción y toda la retaila de insultos.

.....
me lo vere mañana que es hora de sobre
nanit 🙂
 
"Vivimos atrapados en una disonancia cognitiva masiva porque hemos permitido que el Estado cometa el mayor robo identitario de la historia: usurpar los conceptos de Nación y Patria. Nos han hecho creer que el carné de identidad y el aparato burocrático son lo mismo que nuestra tierra y nuestra herencia. No lo son.

Siguiendo el Derecho Natural de Santo Tomás de Aquino, la Nación (el nacimiento, la lengua, la costumbre) y la Patria (la tierra de los padres, el legado espiritual) son realidades orgánicas, complejas y espontáneas. Nacen de abajo hacia arriba. El Estado, en cambio, es ingeniería social: un artefacto obsesionado con el poder y el control de arriba hacia abajo.

Al fundirse el monstruo del "Estado-Nación", el aparato burocrático secuestró la identidad para legitimarse. Pero hoy la máscara se ha caído. El Estado actual no defiende a la nación; de hecho, su objetivo indirecto —y existencial— es destruir cualquier concepto de nación anterior o superior a sus propias fronteras administrativas.

Para acumular más poder, el Estado moderno atenta activamente contra las distintas realidades y nacionalidades que lo componen, intentando homogeneizarlas, atomizarlas y someterlas al dictado fiscal y normativo. Pero el tiro le sale por la culata, porque hay identidades que superponen y desbordan por completo las fronteras estatales. El ejemplo supremo es la Hispanidad

Hoy, Estado y Nación son fuerzas antagónicas. El Estado ya no es el garante de la comunidad; actúa en su contra. Si queremos salvar nuestra identidad (Identitas) y nuestros vínculos verdaderos (Communitas), el primer paso es romper la disonancia: la Patria se defiende, a menudo, cuestionando al Estado."
 

Komanche, a ver cómo te digo esto....

Una cosa son tus inquietudes concernientes a un valor tradicional como es el del sentido de la justicia. Que me parece perfecto.

Y otra muy diferente el marxismo. Que se vende como el epítome de ese sentido de la justicia pero que se trata de una patraña como TODO el marxismo de principio a fin.

El marxismo no es capaz de determinar con precisión a qué clases sociales se refiere, "burguesía o capitalistas" es una gilipilez. Una lucha de clases sociales (Que ni tan siquiera definen bien) no es el motor de la historia. Todo el materialismo filosófico es una parida, el marxismo no pone en el centro los convencionalismos monetarios, no está a la altura de las circunstancias como para comprender el paso del dinero metálico al dinero fiat puesto que pone la lupa en medios de producción. Ergo no estamos en un capitalismo.... etcétera, etcétera, etcétera, la maraña es tan profunda que no tiene fondo.

Komanche ... Lo siento, de veras, estás desamparado en dicho ámbito, te han timado.

TODO ES un TIMO a dicho respecto. LAs ideologías asentadas durante el siglo XIX y su derivación en el XX son una gilipilez. Así de duro es el tema, es difícil asumirlo pero tienes que apechugar. Komanche.
 
Última edición:
"Vivimos atrapados en una disonancia cognitiva masiva porque hemos permitido que el Estado cometa el mayor robo identitario de la historia: usurpar los conceptos de Nación y Patria. Nos han hecho creer que el carné de identidad y el aparato burocrático son lo mismo que nuestra tierra y nuestra herencia. No lo son.

Siguiendo el Derecho Natural de Santo Tomás de Aquino, la Nación (el nacimiento, la lengua, la costumbre) y la Patria (la tierra de los padres, el legado espiritual) son realidades orgánicas, complejas y espontáneas. Nacen de abajo hacia arriba. El Estado, en cambio, es ingeniería social: un artefacto obsesionado con el poder y el control de arriba hacia abajo.

Al fundirse el monstruo del "Estado-Nación", el aparato burocrático secuestró la identidad para legitimarse. Pero hoy la máscara se ha caído. El Estado actual no defiende a la nación; de hecho, su objetivo indirecto —y existencial— es destruir cualquier concepto de nación anterior o superior a sus propias fronteras administrativas.

Para acumular más poder, el Estado moderno atenta activamente contra las distintas realidades y nacionalidades que lo componen, intentando homogeneizarlas, atomizarlas y someterlas al dictado fiscal y normativo. Pero el tiro le sale por la culata, porque hay identidades que superponen y desbordan por completo las fronteras estatales. El ejemplo supremo es la Hispanidad

Hoy, Estado y Nación son fuerzas antagónicas. El Estado ya no es el garante de la comunidad; actúa en su contra. Si queremos salvar nuestra identidad (Identitas) y nuestros vínculos verdaderos (Communitas), el primer paso es romper la disonancia: la Patria se defiende, a menudo, cuestionando al Estado."
En el caso de España la disociación es absoluta. Entre Estado y nación-patria, efectivamente.
 
"Pero el robo identitario no se detiene en las fronteras nacionales. Hoy asistimos a un fenómeno aparentemente contradictorio: fuerzas políticas que destruyen su propio Estado-Nación desde dentro. ¿El motivo? Ceder soberanía a estructuras superiores para blindar su poder frente a los ciudadanos.

Lo vemos en la Unión Europea moderna, lo vimos en la Unión Soviética y lo vemos en la ingeniería geopolítica del Foro de São Paulo. No es un plan maestro coordinado en una base secreta, sino algo más sutil e inevitable: una convergencia evolutiva de incentivos. Cuando los políticos sufren los mismos males (la hipertrofia estatal y el pecado original del colectivismo), sus soluciones acaban siendo idénticas.

Estas élites de partidos que controlan gobiernos, que a su vez controlan Estados, han creado una especie de hermanamiento burocrático global. Saben que el modelo de bienestar basado en el endeudamiento y la asfixia del ciudadano está agotado. Como su única salida es dar patadas hacia adelante, cooperan entre sí para mutar hacia el siguiente nivel.

Su meta inescapable es la creación de mega-federaciones artificiales y burocráticas. Una suerte de Commintern moderno que ya no busca la nación orgánica, sino una "nación administrativa" inventada en laboratorios de ingeniería social. Una identidad basada en la sumisión a una agenda compartida, la dependencia del subsidio y la fragmentación en colectivos hiper-regulados.

El objetivo último de este andamiaje supranacional es aterrador: eliminar la competencia institucional y los espejos donde poder mirarse. Al unificar las leyes, los impuestos y las monedas a nivel global o continental, destruyen cualquier alternativa de libertad. Si todos los Estados aplican la misma tiranía blanda, el ciudadano ya no tiene un lugar adonde huir para refugiarse.

Identitas et Communitas es el antídoto contra este Leviatán transnacional. Reivindicar la Nación real y la Patria frente al Estado no es un ejercicio de nostalgia; es la última línea de defensa de los derechos naturales y la libertad humana frente a un funcionariado global que quiere disolvernos para que nadie pueda impugnar su poder."
 
"El reflejo más evidente de esta mutación lo vemos en la política diaria: la desaparición de la soberanía nacional a manos de un hermanamiento de bandos globales. Las izquierdas occidentales y no occidentales llevan décadas coordinándose en foros transnacionales, sincronizando agendas y aprobando exactamente las mismas leyes de ingeniería social al mismo tiempo, sin importar si gobiernan en Madrid, París o Buenos Aires. Las derechas, atrapadas en su propia disonancia, acaban de empezar a imitar exactamente el mismo patrón institucional.

Sería un error culpar de esto únicamente a la tecnología o a las redes sociales. Aunque la hiperconectividad moderna ha acelerado el proceso convirtiendo la política regional en un escaparate global, esta entente ideológica viene de mucho más atrás. Es un proceso de asimilación cultural y burocrática donde partidos de ethos, culturas y naciones radicalmente distintas e incompatibles se unen bajo una misma bandera corporativa. Su pegamento no es el amor a una idea, sino la necesidad compartida de conservar el poder frente a sus dos verdaderos enemigos.

El primer enemigo es el bando contrario, utilizado como el espantapájaros perfecto para justificar la polarización y mantener a la población asustada y dividida. El segundo enemigo, el real y definitivo, es el ciudadano común y su libertad. Al colectivizar el debate político globalmente, estas élites consiguen que la soberanía ya no resida en el pueblo, sino en las cúpulas de sus partidos. La derecha moderna, de hecho, se empieza a parecer peligrosamente a la izquierda en casi todo su intervencionismo estatal, salvo en su retórica sobre la dilución supranacional.

Al final, el círculo de Identitas et Communitas se cierra revelando la gran paradoja de nuestro siglo. El Estado-Nación moderno, que nació prometiendo proteger los derechos de la comunidad frente a amenazas externas, ha mutado en una sucursal administrativa de bloques transnacionales. Reivindicar la Nación orgánica, la Patria y el Derecho Natural ya no es una postura ideológica de partido; es el único acto de insurgencia real que le queda al ciudadano frente a una oligarquía global que necesita destruir nuestra identidad para poder gobernarnos sin oposición."
 
"El reflejo más evidente de esta mutación lo vemos en la política diaria: la desaparición de la soberanía nacional a manos de un hermanamiento de bandos globales. Las izquierdas occidentales y no occidentales llevan décadas coordinándose en foros transnacionales, sincronizando agendas y aprobando exactamente las mismas leyes de ingeniería social al mismo tiempo, sin importar si gobiernan en Madrid, París o Buenos Aires. Las derechas, atrapadas en su propia disonancia, acaban de empezar a imitar exactamente el mismo patrón institucional.

Sería un error culpar de esto únicamente a la tecnología o a las redes sociales. Aunque la hiperconectividad moderna ha acelerado el proceso convirtiendo la política regional en un escaparate global, esta entente ideológica viene de mucho más atrás. Es un proceso de asimilación cultural y burocrática donde partidos de ethos, culturas y naciones radicalmente distintas e incompatibles se unen bajo una misma bandera corporativa. Su pegamento no es el amor a una idea, sino la necesidad compartida de conservar el poder frente a sus dos verdaderos enemigos.

El primer enemigo es el bando contrario, utilizado como el espantapájaros perfecto para justificar la polarización y mantener a la población asustada y dividida. El segundo enemigo, el real y definitivo, es el ciudadano común y su libertad. Al colectivizar el debate político globalmente, estas élites consiguen que la soberanía ya no resida en el pueblo, sino en las cúpulas de sus partidos. La derecha moderna, de hecho, se empieza a parecer peligrosamente a la izquierda en casi todo su intervencionismo estatal, salvo en su retórica sobre la dilución supranacional.

Al final, el círculo de Identitas et Communitas se cierra revelando la gran paradoja de nuestro siglo. El Estado-Nación moderno, que nació prometiendo proteger los derechos de la comunidad frente a amenazas externas, ha mutado en una sucursal administrativa de bloques transnacionales. Reivindicar la Nación orgánica, la Patria y el Derecho Natural ya no es una postura ideológica de partido; es el único acto de insurgencia real que le queda al ciudadano frente a una oligarquía global que necesita destruir nuestra identidad para poder gobernarnos sin oposición."
Sí, pero, la llamada derecha también utiliza la idea de nación y de patria para engrandecer al Estado, y ese es el origen de su fuerza terrible. La identidad nacional no es lo primero, ni la justificación del Estado es defender los derechos de la comunidad.
El patrioterismo es tan vicio como cualquier otro.
 
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el pueblo europeo @ESC ? 🙁 🙄

que pueblo es ese ?
En 1939-40 George Santayana recibe y lee el libro La rebelión de las masas, y hace anotaciones al margen.

Cuando en el capítulo XIV, “¿Quién manda en el mundo?”, Ortega anuncia que Europa puede convertirse en idea nacional, Santayana pregunta: “¿Sin Inglaterra o con ella? ¿Sin los Estados Unidos? ¿Con Rusia?”, e interpreta así la intención de Ortega: “Es que le gustan las naciones extranjeras y quiere ser inglés, francés y alemán sin dejar de ser español. Pero lo internacional –las matemáticas, la religión– no es otra nacionalidad, sino una cosa espiritual o material común a todos”.
 
El concepto de "patria" resulta demasiado subjetivo, o como diria el poeta: mi unica patria, la infancia. Por eso yo solamente creo en el concepto de "nacion" y por consecuencia, el de estado o estado-nacion.
 
(mensaje citado en revisión)
Es un autor muy influyente en la filosofía norteamericana (Pragmatismo) y en la literatura anglosajona.

George Santayana (Jorge Ruiz de Santayana) nació en Madrid en 1863, con ocho años de edad, sin saber inglés (toda su obra la escribirá después en inglés), se traslada a Boston con su familia.

En 1882 ingresa en la Universidad de Harvard, donde será profesor y catedrático. En 1912, tras 30 años como docente y en la cumbre de la intelectualidad yanqui (formó parte de la llamada Edad de Oro de la Filosofía en Harvard), se retira de improviso a pesar del empeño de la universidad por retenerle, y se va a Europa (donde había vuelto anteriormente, a España algunos veranos y a París, Berlín y Londres becado por la universidad). La herencia recibida de su padre ese año le permite dedicarse a su obra filosófica y de crítica literaria sin depender de la docencia.

"Estoy harto de América, de los profesores y de las profesoras", escribió a su hermana.

Huye de Inglaterra cuando es propuesto para incorporarse como profesor en el Corpus Christi College de Oxford.

Tras residir en distintas ciudades europeas se instala finalmente en Roma (1920), donde muere en 1952 con 88 años de edad. Unas semanas antes sufre una fatal caída en las escaleras del Consulado de España en Roma, donde acude a cumplimentar los papeles que le permiten renovar la nacionalidad española, que en todo momento se cuida de conservar (su única novela, The Last Puritan, no consiguió el premio Pulitzer al no tener la nacionalidad norteamericana que nunca aceptó).

Son populares sus aforismos, como "Quien olvida la historia está condenado a repetirla" (The Life of Reason); "Sólo los perecid han visto el final de la guerra"...

De El último puritano (1935):

"Los antiguos calvinistas, pensó Oliver, no habían sido lo bastante puritanos; la única manera de ser puro era por amor a la naturaleza; pero en aquéllos todo había sido un cálculo mezquino de superstición y avaricia y venganza; venganza contra todo el que era más feliz y mejor que ellos. Se habían complacido en suponer que por lo menos Dios, ya que no los demás, les tenía en particular estimación; que había enviado a Moisés y a Cristo expresamente para advertirles los peligros que les aguardaban, de manera que pudieran escapar a tiempo de la casa que ardía y tomar todas las primeras filas de butacas en el nuevo teatro. No atreviéndose a llamar suyas sus propias almas, se esforzaban por tenerlas bien tapadas, mientras trataban de adivinar, de un modo subrepticio, la voluntad de Dios, a fin de conformarse a ella y estar siempre con el ganador. Pero Dios se había reído de ellos y los había burlado. Realmente, no era posible saber en qué dirección iba a derivar el universo. Aquellos sarracena empedernidos eran idólatras, que adoraban sus propias fantasías y se hipnotizaban con sus propias palabras."
 
Es un autor muy influyente en la filosofía norteamericana (Pragmatismo) y en la literatura anglosajona.

George Santayana (Jorge Ruiz de Santayana) nació en Madrid en 1863, con ocho años de edad, sin saber inglés (toda su obra la escribirá después en inglés), se traslada a Boston con su familia.

En 1882 ingresa en la Universidad de Harvard, donde será profesor y catedrático. En 1912, tras 30 años como docente y en la cumbre de la intelectualidad yanqui (formó parte de la llamada Edad de Oro de la Filosofía en Harvard), se retira de improviso a pesar del empeño de la universidad por retenerle, y se va a Europa (donde había vuelto anteriormente, a España algunos veranos y a París, Berlín y Londres becado por la universidad). La herencia recibida de su padre ese año le permite dedicarse a su obra filosófica y de crítica literaria sin depender de la docencia.

"Estoy harto de América, de los profesores y de las profesoras", escribió a su hermana.

Huye de Inglaterra cuando es propuesto para incorporarse como profesor en el Corpus Christi College de Oxford.

Tras residir en distintas ciudades europeas se instala finalmente en Roma (1920), donde muere en 1952 con 88 años de edad. Unas semanas antes sufre una fatal caída en las escaleras del Consulado de España en Roma, donde acude a cumplimentar los papeles que le permiten renovar la nacionalidad española, que en todo momento se cuida de conservar (su única novela, The Last Puritan, no consiguió el premio Pulitzer al no tener la nacionalidad norteamericana que nunca aceptó).

Son populares sus aforismos, como "Quien olvida la historia está condenado a repetirla" (The Life of Reason); "Sólo los perecid han visto el final de la guerra"...

De El último puritano (1935):

"Los antiguos calvinistas, pensó Oliver, no habían sido lo bastante puritanos; la única manera de ser puro era por amor a la naturaleza; pero en aquéllos todo había sido un cálculo mezquino de superstición y avaricia y venganza; venganza contra todo el que era más feliz y mejor que ellos. Se habían complacido en suponer que por lo menos Dios, ya que no los demás, les tenía en particular estimación; que había enviado a Moisés y a Cristo expresamente para advertirles los peligros que les aguardaban, de manera que pudieran escapar a tiempo de la casa que ardía y tomar todas las primeras filas de butacas en el nuevo teatro. No atreviéndose a llamar suyas sus propias almas, se esforzaban por tenerlas bien tapadas, mientras trataban de adivinar, de un modo subrepticio, la voluntad de Dios, a fin de conformarse a ella y estar siempre con el ganador. Pero Dios se había reído de ellos y los había burlado. Realmente, no era posible saber en qué dirección iba a derivar el universo. Aquellos sarracena empedernidos eran idólatras, que adoraban sus propias fantasías y se hipnotizaban con sus propias palabras."
vida interesante.... 🙄
 
vida interesante.... 🙄
Interesante también su "última sarracena".

Aunque era ateo, defendía y daba mucha importancia a la religión, pragmatismo.

Dijo: "La razón no puede estar sola; el hábito bruto y el juego ciego están en la base del arte y la sarracena, y a menos que se mantengan vivos los impulsos y las fantasías irracionales, la vida de la razón se viene abajo por pura vaciedad."

Daniel Cory, su secretario y albacea, dio a conocer las circunstancias de los últimos días de Santayana en su libro Santayana: The Later Years. A Portrait with Letters (1963). Cuenta Cory que sólo hacia el final de su vida, en la primavera de 1951, se planteó Santayana el lugar y el modo de su entierro. Desechó ser incinerado porque no lo veía ni católico ni natural, tampoco deseaba que sus restos fuesen enviados a Estados Unidos. Cuando Cory propuso que fuera enterrado en el cementerio protestante de Roma, Santayana respondió que «No lo verían bien mis amigos católicos y, aunque siempre he estimado a Shelley y a Keats, no quiero estar permanentemente cerca de ellos»; de modo que Cory se quedó con la impresión de que su deseo sería ser enterrado en un cementerio católico pero en la zona no consagrada.

Santayana murió el 26 de septiembre de 1952. Las agencias de noticias se hicieron eco del fallecimiento, pero a Cory le preocupaba más cómo y dónde enterrar a Santayana que responder a sus llamadas. Carecía de instrucciones escritas que apoyaran la petición de ser enterrado en una parte «neutral» de un cementerio católico. Puesto al habla con el encargado del cementerio romano de Campo Verano, le dijeron que ya no había ninguna zona no consagrada y que, en cualquier caso, se utilizaba en su momento para suicidas y cuerpos sin identificar. Hay que imaginarse la desesperación de Cory. Pensó enterrarlo en el cementerio protestante, aunque fuera temporalmente.

En ese momento intervinieron las autoridades españolas. Esgrimieron que Santayana era español y que no había dejado instrucciones escritas, de modo que era su deber hacerse cargo del cuerpo y que era un orgullo para ellos darle sepultura en el panteón español. Acordaron, por un lado que, de acuerdo a los deseos de Santayana, no hubiera ceremonia religiosa y, por otro, que Cory no dijera a la prensa la hora de la ceremonia.

El entierro fue el martes 30 de septiembre de 1952. Estuvieron presentes el primer vicesecretario de la Embajada de España ante la Santa Sede, entonces Emilio Garrigues Díaz-Cañabate, el Vicecónsul, Robert Schneider y su mujer, George Salerno, y Daniel Cory y su mujer, Margot. Era un día gris y con viento, sobre la tumba había varias coronas. Antes de depositar el féretro en el interior del panteón, Cory pidió permiso para leer el ahora famoso poema de Santayana The Poet’s Testament. Al finalizar todos volvieron a Roma. Se da la circunstancia de que Emilio Garrigues, incluyó su traducción del poema —una auténtica primicia porque en inglés no vería la luz hasta el año siguiente— en el artículo que escribió para Ínsula, en noviembre de 1952 bajo el título «La gloria de Santayana».

Hay que recordar que en el panteón encuentran reposo los españoles que mueren en Roma sin familia, como fue el caso de Jorge Santayana. Desde que él fuera enterrado allí, fueron numerosas las visitas, de modo que la obra pía española en Roma, dependiente de la Embajada de España ante la Santa Sede, construyó el mausoleo que se inauguríó en 1957.

Tras el ya famoso desvanecimiento que Santayana sufrió en los últimos escalones del Consulado español de la Via Campo Marzio, cuando el 4 de junio de 1952 acababa de renovar su pasaporte, Santayana no perdió su sentido del humor. A los pocos días le decía a Daniel Cory que el personal del consulado había sido muy amable y que no le había cobrado el taxi de vuelta, acaso porque «creo que apreciaron que yo había hecho ese último esfuerzo para confirmar mi nacionalidad», y añade: «Quizá hubiera sido una buena manera de morir, pero parece que de nuevo estoy en vías de recuperación».

Una semana antes de su gloria, Cory encontró a Santayana despierto y sin dolor, y con cosas importantes que decirle: «Está, por un lado, el mundo natural, que puede ser parcialmente descrito por la ciencia con sus métodos para la observación controlada. Pero también está el otro mundo —el mosaico de la imaginación—, en el cual yo al menos me siento más cómodo. Lo que es importante recordar, sin embargo, es no ahogarse en ninguno de los dos mundos. Ambos son esenciales para una filosofía digna de su nombre».

Y continuó diciendo, muy despacio, como si pesara cada frase, observa Cory: «Ten siempre en cuenta que mi naturalismo no excluye la religión; por el contrario, la toma en consideración. Quiero decir que la religión es la reacción inevitable de la imaginación cuando se enfrenta a las dificultades de un mundo hostil. Normalmente es local, siempre es mítica, y es sarracena verdadera. La gente realmente cree en sus mitos nativos».
 
Interesante también su "última sarracena".

Aunque era ateo, defendía y daba mucha importancia a la religión, pragmatismo.

Dijo: "La razón no puede estar sola; el hábito bruto y el juego ciego están en la base del arte y la sarracena, y a menos que se mantengan vivos los impulsos y las fantasías irracionales, la vida de la razón se viene abajo por pura vaciedad."

Daniel Cory, su secretario y albacea, dio a conocer las circunstancias de los últimos días de Santayana en su libro Santayana: The Later Years. A Portrait with Letters (1963). Cuenta Cory que sólo hacia el final de su vida, en la primavera de 1951, se planteó Santayana el lugar y el modo de su entierro. Desechó ser incinerado porque no lo veía ni católico ni natural, tampoco deseaba que sus restos fuesen enviados a Estados Unidos. Cuando Cory propuso que fuera enterrado en el cementerio protestante de Roma, Santayana respondió que «No lo verían bien mis amigos católicos y, aunque siempre he estimado a Shelley y a Keats, no quiero estar permanentemente cerca de ellos»; de modo que Cory se quedó con la impresión de que su deseo sería ser enterrado en un cementerio católico pero en la zona no consagrada.

Santayana murió el 26 de septiembre de 1952. Las agencias de noticias se hicieron eco del fallecimiento, pero a Cory le preocupaba más cómo y dónde enterrar a Santayana que responder a sus llamadas. Carecía de instrucciones escritas que apoyaran la petición de ser enterrado en una parte «neutral» de un cementerio católico. Puesto al habla con el encargado del cementerio romano de Campo Verano, le dijeron que ya no había ninguna zona no consagrada y que, en cualquier caso, se utilizaba en su momento para suicidas y cuerpos sin identificar. Hay que imaginarse la desesperación de Cory. Pensó enterrarlo en el cementerio protestante, aunque fuera temporalmente.

En ese momento intervinieron las autoridades españolas. Esgrimieron que Santayana era español y que no había dejado instrucciones escritas, de modo que era su deber hacerse cargo del cuerpo y que era un orgullo para ellos darle sepultura en el panteón español. Acordaron, por un lado que, de acuerdo a los deseos de Santayana, no hubiera ceremonia religiosa y, por otro, que Cory no dijera a la prensa la hora de la ceremonia.

El entierro fue el martes 30 de septiembre de 1952. Estuvieron presentes el primer vicesecretario de la Embajada de España ante la Santa Sede, entonces Emilio Garrigues Díaz-Cañabate, el Vicecónsul, Robert Schneider y su mujer, George Salerno, y Daniel Cory y su mujer, Margot. Era un día gris y con viento, sobre la tumba había varias coronas. Antes de depositar el féretro en el interior del panteón, Cory pidió permiso para leer el ahora famoso poema de Santayana The Poet’s Testament. Al finalizar todos volvieron a Roma. Se da la circunstancia de que Emilio Garrigues, incluyó su traducción del poema —una auténtica primicia porque en inglés no vería la luz hasta el año siguiente— en el artículo que escribió para Ínsula, en noviembre de 1952 bajo el título «La gloria de Santayana».

Hay que recordar que en el panteón encuentran reposo los españoles que mueren en Roma sin familia, como fue el caso de Jorge Santayana. Desde que él fuera enterrado allí, fueron numerosas las visitas, de modo que la obra pía española en Roma, dependiente de la Embajada de España ante la Santa Sede, construyó el mausoleo que se inauguríó en 1957.

Tras el ya famoso desvanecimiento que Santayana sufrió en los últimos escalones del Consulado español de la Via Campo Marzio, cuando el 4 de junio de 1952 acababa de renovar su pasaporte, Santayana no perdió su sentido del humor. A los pocos días le decía a Daniel Cory que el personal del consulado había sido muy amable y que no le había cobrado el taxi de vuelta, acaso porque «creo que apreciaron que yo había hecho ese último esfuerzo para confirmar mi nacionalidad», y añade: «Quizá hubiera sido una buena manera de morir, pero parece que de nuevo estoy en vías de recuperación».

Una semana antes de su gloria, Cory encontró a Santayana despierto y sin dolor, y con cosas importantes que decirle: «Está, por un lado, el mundo natural, que puede ser parcialmente descrito por la ciencia con sus métodos para la observación controlada. Pero también está el otro mundo —el mosaico de la imaginación—, en el cual yo al menos me siento más cómodo. Lo que es importante recordar, sin embargo, es no ahogarse en ninguno de los dos mundos. Ambos son esenciales para una filosofía digna de su nombre».

Y continuó diciendo, muy despacio, como si pesara cada frase, observa Cory: «Ten siempre en cuenta que mi naturalismo no excluye la religión; por el contrario, la toma en consideración. Quiero decir que la religión es la reacción inevitable de la imaginación cuando se enfrenta a las dificultades de un mundo hostil. Normalmente es local, siempre es mítica, y es sarracena verdadera. La gente realmente cree en sus mitos nativos».
vaya.....
joer que lio con el entierro no ?

Quiero decir que la religión es la reacción inevitable de la imaginación cuando se enfrenta a las dificultades de un mundo hostil. Normalmente es local, siempre es mítica, y es sarracena verdadera. La gente realmente cree en sus mitos nativos».

seguro que le molaria a seque
 

¿Qué pasa ahora?.

PEro si es la verdad, las ideologías modernas a partir del siglo XIX son una soberana tontería en el fondo.

¿....?. Cuál es el problema.
 
"El reflejo más evidente de esta mutación lo vemos en la política diaria: la desaparición de la soberanía nacional a manos de un hermanamiento de bandos globales. Las izquierdas occidentales y no occidentales llevan décadas coordinándose en foros transnacionales, sincronizando agendas y aprobando exactamente las mismas leyes de ingeniería social al mismo tiempo, sin importar si gobiernan en Madrid, París o Buenos Aires. Las derechas, atrapadas en su propia disonancia, acaban de empezar a imitar exactamente el mismo patrón institucional.

Sería un error culpar de esto únicamente a la tecnología o a las redes sociales. Aunque la hiperconectividad moderna ha acelerado el proceso convirtiendo la política regional en un escaparate global, esta entente ideológica viene de mucho más atrás. Es un proceso de asimilación cultural y burocrática donde partidos de ethos, culturas y naciones radicalmente distintas e incompatibles se unen bajo una misma bandera corporativa. Su pegamento no es el amor a una idea, sino la necesidad compartida de conservar el poder frente a sus dos verdaderos enemigos.

El primer enemigo es el bando contrario, utilizado como el espantapájaros perfecto para justificar la polarización y mantener a la población asustada y dividida. El segundo enemigo, el real y definitivo, es el ciudadano común y su libertad. Al colectivizar el debate político globalmente, estas élites consiguen que la soberanía ya no resida en el pueblo, sino en las cúpulas de sus partidos. La derecha moderna, de hecho, se empieza a parecer peligrosamente a la izquierda en casi todo su intervencionismo estatal, salvo en su retórica sobre la dilución supranacional.

Al final, el círculo de Identitas et Communitas se cierra revelando la gran paradoja de nuestro siglo. El Estado-Nación moderno, que nació prometiendo proteger los derechos de la comunidad frente a amenazas externas, ha mutado en una sucursal administrativa de bloques transnacionales. Reivindicar la Nación orgánica, la Patria y el Derecho Natural ya no es una postura ideológica de partido; es el único acto de insurgencia real que le queda al ciudadano frente a una oligarquía global que necesita destruir nuestra identidad para poder gobernarnos sin oposición."

Bueno...el esquema de ESTADO-NACIÓN moderno es de principios del S.XIX y es descendiente de la guasonería y revolución francesa, así que dudo mucho que sean estructuras nacidas para proteger a la NACIÓN (gente, cultura, idioma y tradición).

Qué sorpresa ¿verdad?

(imagen visible para usuarios registrados)

FRANCIA es ejemplo de esto que ha destruido todas sus naciones internas.

Estas NACIONES diseñadas por la guasonería ya se enfocaban en el globalísmo.
 
Hay una pulsión natural en el hombre a explicarse con libertad y a identificarse con los pasajes de su memoria. Todos lo hacemos en la dimensión perfecta, que no es otra que hablar de aquello que nos ocupa y preocupa con un conocimiento directo, como lo hace el profesional en cualquiera de los campos de nuestra actividad.

Sin embargo, la "revolución" supuso abrirse paso expresando opiniones que no estaban en la mayoría aunque la utilizaron para justificar su "derecho" a expresarse. A tal punto tuvieron éxito que hoy cualquiera que no sabe apenas de lo que habla o acaso solo de oídas, defiende no ya su derecho a desahogarse sin mayores consecuencias, sino el derecho de otros a intervenir directa o indirectamente en asuntos que no comprende hasta que le abrumen sus consecuencias.

Imaginen una estampida de búfalos ejerciendo su libertad al correr por la pradera todos juntos y en la misma dirección, e imaginen que alguien listo pero débil se esconde entre ellos favorecido por semejante masa y empuje...

Con la patria ocurre lo mismo. El pobre, el que vive de la tierra, el que acaba encontrando un no se qué de belleza que no es solo formal sino que ya forma parte de la estructura mental de sus recuerdos y emociones, no quiere ir a otro lugar porque los otros lugares no son el suyo. Por eso está dispuesto a defenderlo cuando alguien se lo fruta sin merecimiento alguno que no sea demostrar poder, voluntad y su punto de humillación.

Hay "perfiles" que encajan como guante en mano en esas dos condiciones y ahí lo dejo...
 

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