Bajmut: la picadora que Ucrania ocultó y Zelenski confesó
Hay una cifra que la OTAN prefiere no airear: las bajas ucranianas en la guerra que empezó en febrero de 2022. El propio Zelenski reconoció en verano más de 500 muertos diarios, según recogen los cálculos que circulan entre analistas. Si se extrapola a los meses de combate, el resultado supera cualquier contabilidad oficial. La picadora de carne no es una metáfora: es un método de desgaste.
Qué dicen los números que sí se filtraron
El cálculo más repetido parte de una confesión del propio presidente ucraniano: más de 500 muertos diarios reconocidos en verano. Otra estimación eleva la cifra a 700 diarias, lo que equivaldría a entre 1.000 y 1.200 bajas totales si se suman heridos. Con esos ritmos, la guerra terminaría con cientos de miles de muertos, una cifra que en términos absolutos supera los 100.000 de cada bando en la Guerra Civil española, según el paralelismo que se hace en el análisis.
El problema de fondo es artillero. Las posiciones ucranianas carecen de cobertura: solo líneas de arbolado entre parcelas de cultivo o aldeas, objetivos fáciles para la aviación y la artillería rusas. Ucrania no tiene aviones y su artillería es más reducida, con menos munición. Los rusos alejan la artillería ucraniana de sus posiciones; los ucranianos no pueden hacer lo mismo. Bajmut es el ejemplo: una ratonera donde se fuerza al desgaste sin ganancia territorial.
La teoría de la venganza histórica que circula en los márgenes
En los márgenes del debate aparece una hipótesis que no está respaldada por pruebas: que el presidente ucraniano, de origen judío, estaría ejecutando una venganza histórica contra los ucranianos por su participación en matanzas de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Se apoya en citas del Talmud y en una lectura conspirativa de la historia. No hay evidencia que sostenga esa tesis, pero circula con fuerza en ciertos círculos.
La versión más extendida, en cambio, es más prosaica: Ucrania habría rechazado los acuerdos de Minsk, se habría alineado con la OTAN y habría aceptado una guerra que solo podía terminar con la anexión de las cuatro provincias por parte de
Rusia. La alternativa —negociar— habría evitado cientos de miles de muertos. Es el argumento que domina el análisis crítico.
El doble rasero con los cadáveres
Hay una queja recurrente: mientras los soldados rusos aparecen en los vídeos circunspectos ante la cantidad de bajas enemigas, las imágenes del lado ucraniano muestran burlas, música y mofas sobre los cadáveres. Es la misma guerra contada desde dos relatos. La propaganda otanera insiste en eclipsar la magnitud real de la picadora, pero los canales de Telegram rusos publican material crudo y cuantioso que contradice la versión oficial.
El resultado final, según los cálculos más pesimistas, es el mismo que se habría obtenido en los primeros meses: anexión de territorios, pero con el extra de cientos de miles de muertos. La pregunta no es quién gana, sino cuántos cadáveres más hacen falta para admitir lo que ya se sabía.