Gritona insufrible: el espejo de los que la juzgan
¿Hasta dónde llegaría tu paciencia con una
pareja que convierte cada conversación en un monólogo a gritos? Las reacciones ante esa pregunta hipotética dicen más de quien las escribe que de la supuesta «gritona». Hay quien propone métodos expeditivos que rozan la violencia, quien recurre al clásico «histerismo» como diagnóstico barato, y quien compara la situación con educar a un niño. La coartada es simple: si alguien es insufrible, el otro quedará absuelto de cualquier reacción.
La gestión del conflicto, entre la autoridad y el espejo
No faltan los que defienden que la solución es imponer mano firme. Otros, en cambio, señalan que antes de juzgar al «gritón» conviene mirarse en el espejo: soportar a un crítico vehemente no es tan fácil como parece. Un detalle curioso: la discusión se enreda en un cruce de descalificaciones entre dos interlocutores, con alusiones a la vida íntima y al aspecto. La ironía es que, mientras se descalifican, ninguno se detiene a analizar el caso que los había reunido.
Al final, la conclusión que emerge es que el estereotipo de la «gritona insufrible» dice más de la cultura de quien lo usa que de la persona descrita. Y ahí queda todo: sin datos, sin análisis, solo opiniones que se muerden la cola.