Una química de 100 años desaconseja el calcio y media España revisa su nevera
¿Hay que dejar de tomar calcio? La pregunta lleva días circulando después de que Ana María Lajusticia, licenciada en ciencias químicas y con cien años, asegurara en un vídeo que no recomienda el consumo de calcio. La afirmación de una figura con casi un siglo de trayectoria ha reabierto la discusión sobre los suplementos, la leche enriquecida y los intereses comerciales que mueven el sector. Y ha colocado en el mismo saco a dos cosas que no siempre van juntas: el calcio que se come y el calcio que se vende.
Quién es la científica que desaconseja el calcio
Lajusticia no es una desconocida. Bioquímica de formación y empresaria de oficio, lleva décadas vinculada a una línea propia de productos de magnesio y a la divulgación sobre
alimentación. Quienes reivindican su mensaje insisten en dos cosas: su edad —cien años, apuntan, sin haber pasado por el quirófano en exceso— y su independencia, al no deber nada a ninguna farmacéutica.
Sus críticos no tardan en señalar el otro lado.
Hay quien sostiene que una persona que factura con el magnesio tiene un interés evidente en desaconsejar el calcio de la competencia. La propia Lajusticia anticipa la objeción en el vídeo: dice que podría haber vendido calcio y haberse forrado, y que su conciencia no se lo permite. Un dato que circula en contra de esa versión es que en España su producto requiere autorizaciones que no siempre llegan. Ahí el debate se envenena: negocio o convicción.
El papel de la vitamina K y la calcificación de las arterias
Aquí es donde el asunto se pone interesante para quien busca algo más que titulares. Un argumento recurrente es que el problema no es el calcio en sí, sino la falta de vitamina K, la encargada de dirigir el mineral hacia los huesos y evitar que se deposite en arterias y tejidos blandos. Bajo esa lectura, el enemigo no sería el vaso de leche, sino una dieta desequilibrada de forma generalizada.
El envés lo aporta la propia ficha técnica del Hidroferol, el calcifediol derivado de la vitamina D. Su prospecto advierte de que el exceso puede provocar hipercalcemia —calcio alto en sangre— y cita hasta catorce veces la palabra calcio, con avisos sobre fallo renal o endurecimiento de arterias. Es decir: el exceso de calcio sí preocupa a la propia industria farmacéutica, siempre que se lo administre ella.
Leche, huesos y el negocio del magnesio
La experiencia doméstica que se comparte es variada. Frente a la tesis de que el calcio no se asimila sin magnesio, abundan los testimonios de abuelos que tomaban un tetra brik diario de leche semidesnatada y llegaron a los noventa sin demencia ni problemas de riego. Nadie cita ensayos, solo memoria familiar; pero la memoria familiar es lo que el marketing de la longevidad nunca podrá comprar.
También el coste de oportunidad: mientras una caja de naproxeno exige receta, las estanterías de cualquier farmacia rebosan de complementos alimenticios de venta libre que la gente toma sin control. El cálculo es sencillo. Se restringe lo que duele y se libera lo que se vende. Y hay usuarios que afirman haber resuelto problemas biliares o autoinmunes cambiando la dieta, no la farmacia.
Un experimento con gallinas que se cita en todas las discusiones
Para zanjar si el calcio es imprescindible, se recurre a un estudio de 1929. Los investigadores Herbert McLean Evans y Alexander M. Bishop eliminaron el calcio de la dieta de unas gallinas y comprobaron que la composición de sus huevos no variaba. Al retirar el potasio, en cambio, dejaron de poner. La conclusión que se extrae es incómoda: el cuerpo parece gestionar minerales de formas que los manuales simplifican.
El flúor, el agua y otras derivas
No todo el material resiste el escrutinio. Junto a los argumentos razonables conviven derivas que la evidencia no sostiene: que el flúor del agua potable es un veneno, que las hormonas vegetales «amariconizan» o que el agua embotellada es una estafa criminal. Son afirmaciones sin respaldo, propias del ruido que rodea a cualquier tema nutricional y que conviene separar del núcleo serio del asunto.
Al final queda un panorama incómodo. Una centenaria que dice lo que piensa, un sector que vende suplementos como churros y una población que no sabe a quién creer. Si el calcio fuera tan malo, las farmacias llevarían años retirándolo. Lo que retiran, de momento, es la receta.
Este artículo resume un debate público sobre nutrición y no constituye consejo médico. Cualquier cambio en la dieta o suplementación debe consultarse con un profesional sanitario.