Perú al filo de la navaja: 6.000 votos deciden entre izquierda y derecha
¿Puede un puñado de votos cambiar el rumbo económico de todo un país? Con el 97,8% escrutado, la segunda vuelta peruana muestra una brecha de apenas 6.000 papeletas entre la candidata de derecha Keiko Fujimori y el izquierdista Pedro Castillo. 19 millones de peruanos han votado, pero el país se parte en dos mitades casi idénticas: 50,02% para la izquierda, 49,98% para la derecha. La diferencia es inferior al 0,04% del censo.
Un recuento al rojo vivo
Durante la madrugada, la ventaja ha oscilado: de 5.900 votos a favor de Castillo subió a 9.000, para luego estabilizarse en torno a los 6.000. El vaivén recuerda a un fotofinish de Indy 500, como se ha señalado en algunos análisis. La lentitud del escrutinio oficial y la falta de transparencia en el voto rural y el extranjero alimentan las sospechas de manipulación. El fantasma del fraude recorre Lima: ya circulan denuncias de votos emitidos sin correspondencia con electores reales, en alusión a la candidata Fujimori.
El factor inmigrante y el voto exterior
Un elemento recurrente en el debate es el peso del voto de los peruanos residentes en el extranjero. Según estimaciones no oficiales, la diáspora tiende a votar a la derecha en una proporción de dos a uno. Sin embargo, la gestión del voto por correo ha sido cuestionada tras la intervención de la figura de Leire Díaz, vinculada a presuntas irregularidades en el voto postal español. En Perú, el voto exterior podría inclinar la balanza, pero su recuento es lento y opaco.
Consecuencias económicas inmediatas
La incertidumbre política ya se traslada a los mercados. La posibilidad de un presidente izquierdista con tintes indigenistas asusta al capital: castigo bursátil, fuga de capitales y presión sobre el sol peruano. Quienes apoyan a Fujimori argumentan que su victoria daría continuidad a las políticas liberales, mientras que sus detractores recuerdan el legado autoritario de su padre. El resultado, sea cual sea, dejará a un país dividido y a una economía que necesitará gestos de unidad para no descarrilar.
Con estos mimbres, la guerra civil es una expresión que algunos no consideran exagerada. Pero como en todo espectáculo electoral, lo que realmente importa es quién cuenta los votos y cómo. Los mercados ya han puesto precio a la incertidumbre. El resto es puro ruido.
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