La Comisión de la Verdad: de Orwell a Garzón, un chiringuito con nombre de distopía
Cuando el Gobierno de Pedro Sánchez anunció la creación de la Comisión de la Verdad para investigar vulneraciones de derechos humanos durante la Guerra Civil y la dictadura, muchos pensaron que se trataba de una broma de mal gusto. Sobre todo al conocer que su presidente sería Baltasar Garzón, exjuez condenado e inhabilitado. El nombre orwelliano no podía ser más acertado: el Ministerio de la Verdad en 1984 se dedicaba a reescribir la historia. ¿Será este el objetivo real?
Un presidente con historial
Garzón, que facturó más de 10 millones de euros en 2023 con su despacho de abogados, no necesita el sueldo público -limitado a 100.000 euros brutos anuales- pero sí las dietas. La comisión, según fuentes del debate, es un chiringuito perfecto para premiar a fieles y controlar el relato histórico. Sus miembros incluyen a Francisco Erice, profesor de historia y miembro de la Fundación de Investigaciones Marxistas, lo que levanta suspicacias sobre la imparcialidad.
¿Revisión histórica o censura?
Mientras se investiga la represión franquista, se ignora los crímenes de ETA o los de la II República. La selección de la verdad, como en 1984, es la esencia del poder. Los críticos señalan que el objetivo final es reescribir los libros de texto y acusar de falsedad ideológica a los disidentes. El paralelismo con la novela de Orwell es tan evidente que parece deliberado.
La pregunta que queda en el aire es si esta comisión servirá para esclarecer el pasado o para construir una nueva ortodoxia. El tiempo lo dirá, pero los paralelismos con Orwell son incómodamente exactos.
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