India se rebautiza como Bharat: qué cambia el 18 de septiembre
India prevé dejar de llamarse India. El 18 de septiembre está convocada una sesión especial del Parlamento para aprobar el cambio de nombre a
Bharat, y la pista llegó antes por la vía más doméstica posible: la invitación a cenar que el presidente del país envió a los asistentes de la cumbre del G20, ya encabezada con la nueva denominación. Lo que fuera de allí suena a capricho administrativo es una pelea por ver quién bautiza a quién. Y por cuánto de nuestro mapa mental es herencia ajena.
Qué significa Bharat y de dónde sale la palabra
No es un nombre nuevo ni un invento de despacho.
Bhārata es un patronímico: significa lo que pertenece a Bharatá, el rey mítico fundador del país de Bhárata-varsha, y es ya el nombre oficial del país en hindi. La traducción que más circula es «la gran India», y ahí asoma la trampa: para definir Bharat hace falta seguir usando India.
La elección no es solo simbólica. Quien defiende el cambio sostiene que la denominación vigente alude a un territorio fronterizo, no a una civilización, y que hubo varias «Indias» antes de que la palabra se fijara en las cancillerías europeas. En ese relato, el nombre actual no describe: administra. Y administra desde fuera.
Por qué se considera que India es un nombre colonial
El asunto se enreda, porque el origen de la palabra es más viejo que los imperios que la exportaron. Una parte del análisis sitúa el rastro en el río Indo, y de ahí deduce algo incómodo: si el topónimo nace de un río que discurre por territorio hoy pakistaní, la reclamación no está cerrada. Hay quien plantea directamente que Pakistán podría reivindicar para sí el término India, presentándose como heredero de la denominación antigua.
A ese argumento se suma otro más duro: que, según sostiene un participante, el país ha ido retirando el inglés del sistema educativo y que el cambio encaja en una operación más amplia de descolonización del relato. La fecha, el escenario y el instrumento, una sesión especial del Parlamento, no parecen casuales. El objetivo es que el cambio no se lea como cosmética.
Turkiye, Hélade y otras rebeliones contra el traductor
El precedente que más se repite es el de Turquía, que pidió ser llamada
Turkiye para no compartir nombre con el pavo. Años después, medio mundo sigue diciendo Turquía sin que se caiga nada. Con Grecia pasa igual: allí se autodenominan de otra forma y aquí nadie ha dejado de decir Grecia. Holanda convive con Países Bajos; Alemania es Deutschland en su casa y nadie ha propuesto reescribir el diccionario.
De ahí sale la objeción más razonable y menos épica: un país decide cómo se llama a sí mismo, pero no legisla sobre cómo lo nombran los demás. Los exónimos no se cambian por decreto, se cambian por uso. Y el uso, cuando hay siglas de por medio, es terca.
- Turquía → Turkiye
- Grecia → Ellada
- Holanda → Nederland
- Alemania → Deutschland
El acrónimo se rompe: de BRICS a BRBCS
Si el nombre cambia, el club cambia de letras. Hay quien bromea con que los BRICS pasarían a ser BRBCS, una sopa de consonantes que nadie sabe pronunciar. A eso se añade el detalle que casi nadie mira: aerolíneas, sellos, tratados y membretes arrastran la denominación antigua durante años. El nombre oficial cambia el 18 de septiembre; el nombre real tarda lo que tarda el papeleo.
El sur del país no habla hindi
La objeción más sólida no viene de fuera, viene de dentro. Según relata un participante que trabajó allí, en los estados del sur, con cientos de millones de habitantes, el hindi no es la lengua cotidiana: se habla tamil, telugu, malayalam y otras lenguas propias, y en las reuniones entre regiones distintas el idioma puente termina siendo el inglés. El nombre nuevo se apoya en una lengua que una parte enorme del país no usa para hablar con su vecino.
Y luego está el reproche de fondo. Se argumenta que un país que cambia su nombre para borrar el pasado colonial mantiene intacta una estructura social dividida en castas con tres milenios de antigüedad y sostenida desde la propia administración. Cambiar la fachada es rápido. Lo demás, no.
Cómo llamar a los indios
Queda el problema práctico: el gentilicio. ¿Bharatos, bharatijas? Nadie lo tiene claro, y de ahí salen las bromas fáciles. También hay quien recuerda que el nombre nuevo suena sospechosamente a la Ínsula Barataria que Sancho Panza gobernó en el Quijote, y quien se pregunta por qué en español decimos «La India» con artículo y no «India» a secas. Detalles menores que, sumados, explican por qué estas cosas tardan tanto en asentarse.
Con estos mimbres, la predicción más razonable es que el cambio sea oficial y el uso, incompleto. Los mapas escolares se reimprimirán antes que las conversaciones. Dentro de unos años, muchos seguirán diciendo India, y otros dirán Bharat con el mismo automatismo con el que hoy dicen Turquía. La duda seria es cuál de los dos llega antes al diccionario.