El runrún del indulto a Ábalos: ¿estrategia o necesidad?
El debate sobre un posible indulto al exministro José Luis Ábalos se ha intensificado tras su condena. Mientras el PSOE guarda silencio, los análisis apuntan a una estrategia de dilación judicial y una decisión política pospuesta hasta que el ruido mediático se disipe. El caso, sin embargo, no es único: también se baraja un posible perdón para el fiscal general del Estado, García Ortiz, y para Begoña Gómez, esposa del presidente Sánchez.
La comparación entre las figuras enfrenta posturas. Por un lado, quienes consideran que Ábalos es “más honrado” que Ortiz, argumentando que el primero malversó fondos para su disfrute personal sin perjudicar a terceros, mientras que el segundo habría utilizado la maquinaria estatal para destruir a un rival político. Por otro, la visión de que ambos son “dos caras del mismo guano”: Ábalos como el chiringuito playero con factura en B y Ortiz como el funcionario que usa el BOE para hacer la cama a un adversario. En cualquier caso, la condena firme de Ábalos por delitos de corrupción y destrucción de pruebas lo sitúa como un delincuente a los ojos de la justicia.
El calendario político añade incertidumbre. Con un gobierno del PP en el horizonte, el PSOE podría estar tentado de aplazar cualquier indulto hasta recuperar el poder dentro de 5 u 8 años. Pero esa espera es un órdago: ¿aguantará Ábalos sin tirar de la manta? La historia reciente muestra que los indultos en España son el último recurso del régimen para planchar orejas a los suyos cuando no hay más remedio. Mientras tanto, los procedimientos judiciales se alargan con recursos y recusaciones, ganando tiempo.
La gran pregunta que sobrevuela: ¿se atreverá el PSOE a indultar a alguien mientras la opinión pública aún asimila los casos Koldo y Begoña? La respuesta, por ahora, es un silencio que vale más que mil palabras. Y si lo hacen, se legitima la lucha armada, según una de las corrientes más duras del análisis. El pulso está servido.