El segundo asalto a Ceuta se frenó, pero la alarma resquebrajó el relato oficial
La entrada masiva convocada para el segundo fin de semana de agosto no llegó a materializarse. Y eso, tratándose de Ceuta y Melilla, es lo más relevante de la semana: no hubo segunda crisis, pero la secuencia de avisos, negaciones y despliegues dejó en el aire una pregunta incómoda sobre cuánto control tiene el Estado sobre sus fronteras.
El detonante fueron mensajes difundidos en redes sociales desde Marruecos, atribuidos a influencers, que llamaban a repetir el asalto a las ciudades autónomas coincidiendo con el puente del 15 de agosto. El Gobierno español aseguró que monitorizaba las redes y reforzó la presencia policial. Italia llegó a alertar del riesgo de «una nueva ola migratoria». La convocatoria tenía recorrido real, aunque acabó sin respuesta colectiva.
Los avisos que no entraron en el relato
Antes de que saltara la alarma, el CNI había trasladado a Interior la existencia de preparativos para una entrada masiva. Según las crónicas, el presidente ceutí, Juan Vivas, llamó a Pedro Sánchez tres días antes del asalto: nadie le cogió el teléfono y su jefe de gabinete restó importancia al aviso. Más tarde, Moncloa destituyó a la funcionaria que difundió la alerta del Departamento de Seguridad Nacional. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, insistió en que no había existido «informe, aviso ni publicación» del CNI. El choque de versiones es difícil de cuadrar: o los avisos no escalaron, o no se quisieron escalar.
Rabat mueve ficha, y el coste económico aparece
El segundo asalto se desactivó, pero no por iniciativa española. Según las informaciones, Rabat desplegó un gran dispositivo policial y militar en la frontera para impedir la entrada. La lectura que circulaba entre fuentes militares apuntaba a que Marruecos habría utilizado la primera crisis para «evaluar la respuesta de España», un test de resistencia con coste directo para el comercio transfronterizo del que viven ambas ciudades.
El resultado deja un escenario abierto: la presión migratoria como instrumento de negociación no se ha retirado, solo se ha recolocado. Si la lógica es la de una prueba de fuerza, el calendario lo pondrá el país vecino. Nadie debería dar por cerrado un asunto que en agosto se demostró que puede reactivarse en cuestión de días.