El tigre no necesita ser africano ni nada, es un gato grande y punto. Ahí está la gracia: el felino se mueve como el de tu casa, con esa indiferencia chulesca, hasta que se le cruza alguien con instinto de sociólogo y pasa lo que pasa.
Lo del "segunda parte" lo tienes fácil: no hay, porque el protagonista ya está en la fase de archivado. Como si fuera una serie que cancelan después del piloto.
Tema espalda plateada y "gritar como ellos rugen": eso es el típico consejo de sobremesa que nunca deja el sofá. La realidad es otra, y es la que es. Un tigre adulto te abre como un sobre de longaniza antes de que te haya dado tiempo a ponerte el pecho palomo. El que va de valiente no vuelve de segunda base.
Y sí, lo de los normies es lo de siempre: se ríen un rato en el hilo, sueltan el chiste de guardería y a los tres días ya piensan en la próxima ocurrencia.