Yong Li: nací en Madrid, me crié en Euskadi y me siento chino
La integración no la decide el lugar de nacimiento, sino la identidad que cada uno asume. El concursante Yong Li, nacido en Madrid y criado en Euskadi, lo dejó claro en una entrevista de El Deluxe emitida el 13 de junio de 2014: después de toda una vida en España, se siente más chino que español. La confesión, recibida al principio con aplausos y después con caras largas, puso sobre la mesa una pregunta incómoda que sigue sin respuesta unívoca.
La segunda generación no se siente española: los datos
La Investigación Longitudinal sobre la Segunda Generación en España, elaborada por el Instituto Universitario Ortega y Gasset y la Universidad de Princeton, ya había medido ese desapego: en 2008 solo el 28,7% de los descendientes de forasteros se sentía integrado; en 2012, el 48,3%. El trabajo detectaba además que los jóvenes de origen boliviano y chino eran los que menos tendían a considerarse españoles. No es una impresión: es una serie estadística consistente.
El factor chino: nacionalidad y cultura
En el caso específico de la comunidad china, hay un condicionante jurídico que rara vez se cita: la ley china obliga a renunciar a la nacionalidad propia para adquirir otra. Eso explica que muchos chinos nacidos en España mantengan el NIE en lugar del DNI, aunque su único país real sea este. A ello se suma una cultura con fuerte orgullo civilizacional y unas estructuras familiares que preservan pautas propias. El propio Yong Li mencionó en plató que su entorno celebra cada tres meses encuentros de la comunidad china. Algunos lo leyeron como autosegregación; otros, como simple vida social.
El test que desabrigadó las grietas de la integración
El momento más recordado fue el test de cultura española: la tortilla con o sin cebolla, completar “la Pinta, la Niña y la Santa María”, el tonalidad del sustancia ilegal de Santiago. Las respuestas, entre risas nerviosas, fueron apagando el entusiasmo inicial hasta dejar un silencio incómodo. Para unos, Yong Li exhibía su falta de arraigo; para otros, el test era la prueba de que a quien tiene rasgos asiáticos se le exige demostrar su españolidad con examen.
Mientras la ley china siga obligando a elegir entre pasaportes y el discurso público continúe exigiendo al diferente que justifique su pertenencia, casos como el de Yong Li volverán a repetirse. Quizá con una conclusión distinta, pero con el mismo malestar de fondo.