El 'es una mierda' de Irene Montero sobre Ceuta incendia la política
Irene Montero ha vuelto a estar en el ojo del huracán. Sus palabras sobre el acoso que sufren las mujeres en Ceuta –celebradas por algunos, vilipendiadas por otros– han terminado de romper la tregua política que nunca existió. La exministra de Igualdad contó con evidente dolor una realidad que no dudó en calificar de «mierda», una expresión que ha provocado reacciones viscerales en un país ya de por sí polarizado.
La contestación política
En el lado crítico, la acusación de victimismo y de desviar el foco sobre la nacionalidad de los agresores se ha apoderado del debate. Se le reprocha aportar un relato sin datos, y algunos sectores le acusan de manejar las estadísticas para ajustarlas a su narrativa. Estas posturas, aunque no sean mayoritarias en el conjunto de la sociedad, han encontrado un enorme altavoz en las redes sociales y han convertido la denuncia en otro frente de guerra cultural.
Ataques personales y escrache
Lo que ha escalado el conflicto es el ataque a la esfera personal. La relación de Irene Montero con Pablo Iglesias, y sobre todo la difusión de las ecografías de sus hijos, se han utilizado como arma arrojadiza. Para numerosos analistas, esto no es crítica política sino acoso directo, una vuelta de tuerca al escrache que tantos condenaron en otros contextos. La contradicción es evidente: los mismos que entonces pedían fin al escrache ahora lo practican, aunque sea desde la distancia del teclado.
El resultado es un clima irrespirable donde el acoso real a las mujeres en Ceuta queda sepultado bajo la disputa partidista. Lo previsible es que la polémica continúe, pero quizá lo que debería discutirse, el problema real de violencia machista en la ciudad autónoma, pase a un segundo plano. O quizá este ruido lo entierre del todo.