Italia resucita la mili voluntaria: 10.000 plazas para responder a la «amenaza rusa»
El ministro de Defensa de Italia, Guido Crosetto, ha anunciado que presentará un proyecto de ley para reintroducir un servicio militar voluntario, con 10.000 plazas para jóvenes. La medida, similar a las anunciadas en Alemania y Francia, se justifica por la «creciente amenaza rusa» sobre el flanco este de Europa. El anuncio se produce en un contexto de tensión geopolítica, con la guerra de Ucrania como telón de fondo, y tras años de debates recurrentes sobre la vuelta de la mili en Italia, suspendida desde 2005.
Voluntario, pero con doble fondo
El proyecto de Crosetto contempla una prestación voluntaria de un año, similar a la del modelo francés que Macron impulsa para 2026. Sin embargo, circula la sospecha de que, si no se cubren las plazas, podría convertirse en obligatorio. «Voluntario en tanto se llene el cupo; si no, pasa a obligatorio», apunta el análisis que circula entre los observadores. El gobierno italiano, además, se ha comprometido a destinar el 5% del presupuesto a defensa, y parte de ese gasto se quedaría en casa formando a reclutas.
La reacción social no se ha hecho esperar. El escepticismo es mayoritario: muchos ven la iniciativa como una cortina de humo para justificar un aumento del gasto militar, cuando la amenaza real para Italia, según algunos analistas, provendría del sur (Marruecos) más que de Rusia. «¿Dónde está la amenaza?», se preguntan. Otros, más irónicos, señalan que la mili es un «negocio redondo» para unos pocos y recuerdan que en décadas pasadas se educó a los jóvenes en el pacifismo, para ahora pedirles que aprendan a disparar.
Generaciones frustradas y dudas operativas
El debate se cruza con un malestar generacional palpable. «El mundo que les entregamos es apocalíptico», se lamenta alguien que pide disculpas a los nacidos a partir del 2000: salarios bajos, vivienda inalcanzable, sustitución étnica. En ese contexto, una mili —aunque sea voluntaria y con una compensación— parece un parche que no resuelve los problemas estructurales. Además, la efectividad operativa de reclutas con una formación limitada es cuestionada: «¿Alguien se cree que esos soldados van a ser operativos?».
Mientras tanto, la primera ministra Giorgia Meloni, fotografiada junto al primer ministro albanés en noviembre de 2025, defiende la medida como parte de una estrategia de disuasión. Pero el debate se queda en el aire: ni la amenaza está clara, ni el modelo convence, ni los jóvenes tienen incentivos para alistarse. La historia de los anuncios previos (ya en 2018 se habló de implantar la mili) sugiere que esta propuesta podría quedarse en el cajón, o transformarse en otra cosa.
Conclusión temporal
Con estos mimbres, Italia se suma a la corriente europea de recuperar el servicio militar, pero en una versión light y voluntaria que nadie sabe si funcionará. El gobierno meloniano apuesta por la gesto simbólico mientras las dudas sobre la verdadera amenaza y la utilidad del proyecto siguen sin respuesta. La pelota está en el parlamento, y la opinión pública, escéptica, espera que no sea solo humo.