La Séptima: un canal que pretende competir sin audiencia y con subvenciones de por medio
Mientras los índices de audiencia de la televisión en abierto se desploman y los menores de 40 confiesan no encender el televisor, sigue habiendo quien monta canales. El último: La Séptima, la criatura mediática de Javierito, que se lleva a su pareja, la presentadora Santaolalla, para capitanear un programa. En plena crisis de liquidez del sector, la pregunta no es quién verá la cadena, sino quién la paga.
La misma receta de La Sexta
Detrás del proyecto está el mismo consejero delegado que levantó La Sexta en la etapa de Zapatero, un tal Contreras. Una coincidencia que invita al escepticismo: si con La Sexta se perdieron la confianza y millones, ¿qué espera encontrar en La Séptima? Los escépticos recuerdan que la cadena pretende funcionar como una agencia de colocación de perfiles afines a Moncloa, el mismo patrón de quien llevaba la 'guardia pretoriana' de RTVE y ahora salta a la privada.
Subvenciones, concesiones y deuda
La duda de fondo es económica. Abrir un canal exige licencia, infraestructura y un modelo que no depende solo de la publicidad. La historia reciente demuestra que la televisión privada sobrevive gracias a subvenciones encubiertas y a la publicidad institucional. Todo lo cual acaba financiándose con deuda pública. En el otro lado, los defensores del proyecto señalan que un hueco en el dial siempre encuentra inversores y que la audiencia no lo es todo: basta con facturar a las administraciones.
Casting con tirón rosa
El primer programa de Santaolalla viene acompañado de otro fichaje: Alba Carrillo, nombre habitual de la crónica social. Dos perfiles que reviven el modelo de corazón unido a las sobremesas. Difícil ver en ello una estrategia de reputación periodística. Más bien la fórmula de llenar horas de emisión baratas mientras se espera que llegue el dinero público.
Con esa combinación de fichajes mediáticos y una potente red de contactos políticos, La Séptima se anuncia ya como la mejor cadena sin haber emitido un minuto. Los cálculos más catastrofistas hablan de retribuciones de 'ciento y pico mil euros' para algunos de sus rostros, y el horizonte de un año de mandato para la estructura política que lo sostiene. Nadie ha explicado todavía cuál es el plan de negocio. Quizás no lo haya, y esa sea precisamente la razón de que exista.