Jeff Daniels, el country y la eterna sombra de Johnny Cash
La actuación de Jeff Daniels en un programa de televisión ha vuelto a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿puede un actor de comedia ser tomado en serio cuando canta? El intérprete de “Dos tontos muy tontos” se ha plantado con una guitarra y ha conseguido lo más difícil: que unos lo comparen con Johnny Cash y otros lo manden de vuelta al camerino.
La referencia a Cash no es gratuita. Entre los comentarios que circulan ha aparecido “Folsom Prison Blues”, la grabación de 1968 hecha en la propia cárcel de Folsom. Para cierta escuela de aficionados, esa canción separa al que canta de memoria del que ha vivido lo que canta. Y ahí, dicen, Jeff Daniels se queda en las puertas.
¿Talento o artificio?
Hay quien defiende que Daniels toca y canta sobradamente bien, y que la exigencia de los puristas es puro esnobismo. El actor lleva años compaginando el cine con la música, una faceta que para muchos pasa desapercibida hasta que suena un riff. Pero la otra corriente no cede: le falta lo que en el argot se llama arte, ese duende que no se fabrica en un ensayo. Y de fondo, la sombra de Clint Eastwood, que ya lo eligió para un papel de asesino en serie en una película que no funcionó en taquilla.
La alternativa de Cordell Jackson
Entre las comparaciones que surgen asoma Cordell Jackson, pionera del rockabilly y del country, con una carrera más larga y un estilo menos plastificado. Para los que la citan, no es una cuestión de técnica, sino de empaque. La discusión sigue abierta, y el propio Daniels ha conseguido al menos que se hable de su música y no solo de sus muecas.
La incógnita permanece: ¿qué se necesita para ser alguien en el country? El actor ha ganado el derecho a ser discutido, pero perderá el interés si no convierte el debate en algo más que una anécdota televisiva.