Donovan: las milicias de EEUU ya se preparan para una guerra civil
Joan Donovan, doctora en Sociología y Estudios de la Ciencia y hasta 2023 responsable de un proyecto de Harvard para rastrear campañas de bulos, sostiene que
Estados Unidos ha entrado en una fase en la que grupos armados se preparan abiertamente para un conflicto interno. Lo dijo tras participar en una jornada organizada por el CIDOB y la Generalitat de Catalunya, y lo dejó por escrito en su libro
Meme Wars, donde documentó cómo comunidades de extrema derecha en línea popularizaron ideas antes marginales. Donovan dirige hoy su mirada a un detalle que suele pasar desapercibido: la moderación de contenidos en las redes sociales, que describe como la infraestructura sobre la que se sostiene buena parte de la conversación pública estadounidense.
Qué dice exactamente la experta en desinformación
Donovan no habla de un estallido inminente, sino de un proceso. Señala que investigadores del fascismo estadounidense, y cita expresamente a Timothy Snyder como uno de los mejores, han abandonado el país porque consideran real la amenaza. Su tesis es que el segundo mandato de Trump derivaría rápidamente en un régimen de tipo fascista, y que en nueve meses de mandato ya se han producido cambios visibles: los precios, la moderación de contenidos en las plataformas y el trato favorable a medios de derechas en X.
El argumento central es que las redes sociales han dejado de ser un escaparate para convertirse en la infraestructura de la sociedad. Si los algoritmos deciden qué se convierte en noticia día tras día, quien controla esos algoritmos controla el marco de la discusión. Donovan añade otro elemento: cuando Trump paralizó el cierre de TikTok, la aplicación empezó a mostrar más contenidos conservadores. No es una acusación judicial, es un patrón que ella observa y que, según dice, no sabemos cómo se programa.
El control de las plataformas por los más ricos
La pregunta que sobrevuela el análisis es si los ultrarricos están tomando el control de las redes para consolidar poder político. Donovan responde que sí: una vez que alguien acumula suficiente riqueza, la vía real de ganar más es sacar provecho del gobierno y meterse en sus arcas, que parecen infinitas. Menciona a Elon Musk, que compró Twitter y habría estabilizado sus negocios frente a las protestas; a Trump, que creó Truth Social a su medida; y a Larry Ellison y los Murdoch, que podrían tomar el control de TikTok en EEUU.
El resultado, según su lectura, es un ecosistema donde la verificación de información se ha eliminado en muchas plataformas y donde los medios afines reciben un trato preferente. Eso no es una opinión sobre el gusto de los usuarios: es una alteración de las reglas del juego informativo.
La Casa Blanca como plataforma de memes
Donovan describe la comunicación institucional estadounidense como un ejercicio de
shitposting: publicaciones deliberadamente incendiarias, irónicas o directamente incoherentes. Pone un ejemplo concreto: el Departamento de Seguridad Nacional compartió un vídeo con personas siendo deportadas y música de Pokémon. Para ella, esa forma infantil de gestionar la comunicación forma parte de la creación de un escenario internacional en el que EEUU se está convirtiendo en un país paria. Si no se muestra respeto ni empatía, otros países considerarán que no vale la pena colaborar.
Trump como causa o como consecuencia
Sobre si Trump provocó el fenómeno o simplemente lo encarnó, Donovan es matizada. Recuerda que su personalidad ya era importante en la cultura estadounidense antes de la política. En 2016 se produjo una fisura en las redes y una polarización que no solo separó izquierda y derecha, sino también a quienes vivían la política en internet de quienes no querían saber nada. Esos últimos vieron en Trump a un hombre del pueblo, un antídoto contra la política del pasado. Donovan lo llama patraña, porque es rico y famoso, pero reconoce que atrajo a multitudes que lo convirtieron en su equipo, con gorras, camisetas y hasta su propia Biblia. El movimiento MAGA habla de la izquierda como «ellos», y su discurso trata menos de políticas que de ganar.
Qué se discute alrededor del aviso
La advertencia de Donovan ha caído en un terreno minado. Hay quien sostiene que el aviso es interesado y que quien vive de la desinformación tiene incentivos para exagerar la amenaza. Otros apuntan que el argumento de la guerra civil lleva décadas repitiéndose y que un país con el mayor ejército del mundo no se rompe en una semana. En el lado opuesto, hay quien cree que el proceso ya está en marcha de forma lenta: familias que se arman, gente que se muda a estados políticamente afines e iglesias que preparan sus propias milicias porque quieren un conflicto. El periodista Jeff Sharlet lo llamó
slow civil war, y esa expresión resume mejor el estado del asunto que cualquier titular de urgencia.
El punto exacto donde el análisis se atasca es este: nadie discute que la polarización ha crecido, pero no hay acuerdo sobre si eso desembocará en un conflicto armado o si se quedará en una tensión permanente que se gestiona a golpe de meme y de algoritmo.