Paula Púa y el viejo cliché de que la mujer no hace gracia
La discusión pública sobre la humorista Paula Púa ha quedado reducida a un par de titulares: unos la despachan como malísima, otros convierten la crítica en un alegato contra todo el humor femenino. En menos de diez intervenciones, la discusión ha pasado de su trabajo a una pregunta incómoda: ¿tiene género la gracia?
Hay quien sostiene que el humor no es precisamente la mercancía que vende Paula Púa. Pero el tono se eleva pronto: una corriente de la conversación llega a calificar de contradicción la propia idea de una mujer dedicada a hacer reír. Es el mismo argumentario que acompaña a cada cómica que se expone al escrutinio público, y que rara vez se aplica a sus colegas masculinos.
La excepción la marca una voz aislada, que reconoce que Púa es la única humorista que le hace algo de gracia. Ni siquiera eso mueve el consenso: la mayoría de las respuestas prefiere no entrar en matices y ampliar la condena a todas las mujeres que se suben a un escenario.
Lo que descoloca no es que Paula Púa tenga detractores –normal en cualquier cómico–, sino que la crítica apenas se detenga en sus chistes y derive tan rápido hacia el género. Si la gracia es una cuestión de cromosomas o de talento, la propia discusión ya responde: para muchos, el prejuicio sigue contando más que el repertorio.