Irene Tabera: cuando el escote tapa el currículum
Que una periodista acapare titulares por su vestimenta y no por su trabajo es un deporte nacional con larga tradición. Pero el caso de Irene Tabera, colaboradora de Cuarto Milenio y Horizonte, añade capas que van más allá del simple sexismo: la crisis de credibilidad de la televisión, la politización de los medios y una nostalgia por los tiempos en que las presentadoras no fingían ser periodistas.
El físico como detonante de un debate más profundo
Todo arranca con una aparición de Tabera en Horizonte con un escote que, según algunos, «casi provocó un infarto». La reacción inmediata fue una oleada de comentarios sobre su cuerpo, pero enseguida el foco se desplazó a un terreno más pantanoso: ¿es Irene Tabera una periodista o una cara bonita al servicio del espectáculo? La discusión, recogida en foros especializados, enfrenta a quienes valoran su físico con quienes cuestionan su rigor profesional. No faltan las comparaciones con otras figuras mediáticas, como la polémica Santaolalla, a la que se acusa de cobrar un sueldo público en TVE sin méritos periodísticos.
La trinchera política: medios contra el Gobierno
Lo que podría haber quedado en un chascarrillo de pasillo se tiñó de política. Pronto aparecieron menciones a OkDiario, El Debate y The Objective, medios alineados contra el «gobierno de perro sanche». La crítica a Tabera se convirtió en un pretexto para atacar la línea editorial de Horizonte y, por extensión, a la izquierda mediática. Algunos participantes en el debate sostienen que «las chicas más bien hechas son las de derechas», una boutade que revela cómo el físico se utiliza como arma política: una presentadora conservadora sería, según esa lógica, más atractiva que una progresista. El terreno, como se ve, es movedizo.
Nostalgia de los 90: cuando las «mamachicho» no ocultaban su rol
Entre los comentarios emerge una corriente de melancolía por la televisión de los años 90. Entonces, figuras como La Monroy o La Estrada eran explícitamente objetos de deseo y nadie las vendía como «periodistas de investigación». «Ahora te las intentan vender como periodistas», se lamenta un analista. Esa línea argumental sugiere que el problema no es el físico en sí, sino la hipocresía de un medio que quiere aparentar seriedad mientras recurre al mismo viejo truco. La pregunta es si el espectador actual es más ingenuo o más cínico que el de hace tres décadas.
Un final sin consenso: ¿importa más la forma que el fondo?
El debate deja más preguntas que respuestas. ¿Debe una periodista ser juzgada por su apariencia? Por supuesto que no, pero la realidad es que la televisión es un medio visual. ¿Puede separarse la imagen del mensaje cuando la propia cadena promociona a sus colaboradoras como reclamo? La hipocresía está repartida. Mientras tanto, Irene Tabera sigue en pantalla, y el ruido en torno a ella no solo no cesa, sino que se ha convertido en un espejo de las contradicciones del periodismo español. Y tú, ¿le prestarías atención a lo que dice o a lo que lleva puesto?