Borrell abre el melón del voto exterior: nacionalidad y papeleta no van juntas
El 16 de septiembre de 2026, Josep Borrell, ex alto representante de la UE para Asuntos Exteriores, soltó en La Noche en 24 horas, de RTVE, la frase que nadie esperaba de un exministro socialista: «Derecho a voto y nacionalidad no van juntos». Lo dijo ante Xabier Fortes, a propósito de la llamada ley de nietos, y pidió abrir un debate. Con esa salida, Borrell no solo cuestiona la norma de nacionalidad: pone encima de la mesa el voto de los inscritos en el Censo de Residentes Ausentes (CERA), que eligen escaños sin pisar el país ni tributar aquí.
¿Qué discute Borrell de la ley de nietos?
La norma permite a descendientes de españoles obtener la nacionalidad por vía de la Ley de Memoria Democrática. El ex alto representante no discute el pasaporte; discute el paquete. Que la nacionalidad se entregue con papeleta incluida es, según su planteamiento, un salto lógico que conviene revisar. La pieza que descoloca no es la ley, sino que quien la cuestiona salga del propio partido que la ha defendido, y que lo haga en el mismo medio público donde el Gobierno coloca su relato.
Hay quien lee la intervención como un cambio de guion ordenado desde fuera del PSOE. Otros, como un posicionamiento propio de alguien que ya no tiene nada que perder. Lo cierto es que la parte del análisis que asume la tesis de Borrell añade un matiz incómodo: el PP había respaldado la ley y fue VOX, según esta reconstrucción, quien la denunció primero.
¿Quién puede votar desde el extranjero y en qué elecciones?
Los inscritos en el CERA votan en generales, europeas y autonómicas. No votan en municipales, pero a efectos electorales cada residente ausente queda adscrito a un municipio español. La Orden EHA/642/2011 resuelve los casos extremos: si el inscrito nunca ha residido aquí, se le asigna el municipio de mayor arraigo, propio o de algún ascendiente. De ahí que el nieto de un vasco pueda acabar votando en las autonómicas vascas sin haber pisado Euskadi jamás.
Ese detalle técnico es el que convierte la discusión en algo más que un debate identitario. No es cuántos españoles hay en el extranjero, sino qué peso tienen en circunscripciones ajustadas, donde un puñado de votos por correo decide un escaño.
Qué exigen Alemania e Italia a sus ciudadanos fuera
La comparativa internacional es lo más útil del caso. La ley electoral federal alemana exige a quien vive fuera haber residido al menos tres meses en Alemania después de cumplir 14 años, y que no hayan pasado más de 25 desde entonces; o bien acreditar que sigue de primera mano la política alemana. Italia agrupa a sus residentes en el exterior en una circunscripción propia, con escaños separados del cuerpo electoral interno.
Son dos modelos que separan dos cosas que aquí viajan juntas: pertenecer a la nación y decidir sobre su presupuesto. Aquí, en cambio, la nacionalidad heredada y el derecho a votar por quién gestiona los fondos públicos se conceden en el mismo acto administrativo.
El argumento fiscal y la simetría vasca
Buena parte del análisis se agarra a lo mismo: el voto decide cómo se reparte el dinero público, luego solo debería ejercerlo quien contribuye a sostenerlo. Quien no reside aquí no paga IRPF ni cotiza, y quien hereda la nacionalidad tampoco. La consecuencia lógica, según esta corriente, es que el voto exterior debería limitarse a quienes mantienen una vinculación fiscal real.
Se añade un contraste que calienta el asunto: si la ley vale para descendientes de españoles que nunca pisaron el país, se argumenta, la misma lógica debería aplicarse a los descendientes de quienes salieron de sus comunidades de origen. Circulan incluso cifras sin verificar sobre el éxodo del País Vasco por la presión de ETA, que en algún momento se elevan a doscientos mil. Dato sin respaldo oficial; argumento, en todo caso, de peso político.
Borrell dejó una puerta abierta y nadie sabe si alguien va a cruzarla. La pregunta ya no es qué pasaporte merece un nieto, sino si quien no vive aquí, no cotiza aquí y a veces ni habla español debería decidir quién gobierna aquí. Y con los números tan ajustados, la respuesta vale escaños.