Sánchez se marcha del debate y el hilo ve ahí el adelanto
Sánchez y Yolanda Díaz se levantan del hemiciclo antes de escuchar al resto de grupos en el debate de los decretos. Un participante lo suelta y el hilo se reordena:
esa teatralidad sí apunta a un adelanto. A partir de ahí la porra de fechas se queda a un lado y entra otra cosa: si el que se marcha es un tipo con agallas, un genio, o un tahúr al que la jugada le va a salir mal.
Qué se ha sabido
El detalle de la salida lo pone un forero que además hace su lectura: el presidente suelta su discurso y se va, Yolanda Díaz hace lo mismo, y para él eso no es rabieta sino señal. Inmediatamente después otro lanza la previsión:
es posible que en estos momentos se dirija a Moncloa a comunicar el adelanto electoral. Y la respuesta llega sin respirar:
en absoluto, primero tiene que votar sus decretazos. Ahí está todo el tramo: la fecha se aplaza hasta que el texto se vote, otra vez.
Se pegan dos tuits de Óscar Puente y esta vez sí se comentan. Uno recuerda que
llevan pidiendo elecciones camino de 9 años todos los días; el otro dice que lo que piden es
el sueño húmedo de Abascal, Feijóo y Garamendi. Un tercer mensaje del mismo hilo despliega un listado de votaciones y sostiene que PP-VOX y Junts ya coincidieron en contra de cada avance en vivienda. Ese listado es lo único parecido a una prueba documental que entra hoy. También se pega un tuit de Ione Belarra sobre desahucios, con la acusación de que cada desalojo lo ejecutan con sus manos los grupos que bloquean.
Y vuelve el vídeo que ya estaba enterrado:
. Sigue sin comentarse apenas. Al lado, un enlace a un buscador de coincidencias raras,
un recuento de anagramas y casualidades, que sirve para lo de siempre: insinuar que nada es casual.
Dos datos más sueltos: noviembre como mes en el que, según un forero,
mucha menos gente votará por correo —sospecha sobre el voto postal que en el hilo se da por hecha y que nadie respalda con nada—, y la ley de nietos otra vez de fondo, con un participante avisando de que sin ese texto hará falta algo más que un adelanto.
Dónde está la bronca
La pelea de hoy no es el decreto. Es el presidente.
Un bloque lo tiene claro:
que jugada maestra ni que gaitas,
es un truco barato de tahúr desesperado, y añade que los únicos que deberían temblar son Sumar, Podemos y los socios pequeños, porque a esos sí los lamina. Otro llega a decir que convocar es tirar piedras sobre su propio tejado: un hombre engreído al que los halagos han convencido de que puede ganar. Y un tercero zanja con una frase:
al final va a ser todo parte del plan.
El otro bloque defiende lo contrario sin ironía: que el tipo reconoce a un adversario débil a la legua, que tiene inteligencia y agallas, y que no hay que darlo por muerto porque siempre aparece con un Podemos 2.0 o con una argucia. Eso irrita a un tercer grupo, y ahí está el intercambio más ácido:
podéis dejar de vanagloriar, aunque sea de forma irónica, lo que haga Pedro Sánchez? La respuesta es un no por escrito: este foro es irrelevante, y el personaje en cuestión no es ningún genio, sino alguien a quien la oposición le ha regalado los años mientras medio entorno desfila por los tribunales.
Por debajo corre otra discusión, más útil. ¿Quién es el votante del PSOE? Un participante sostiene que una plaza llena de gente no decide nada y que quien tiene un piso alquilado se lo va a pensar. Le contestan que el partido no vive de eso: hay médicos, abogados, arquitectos, farmacéuticos y funcionarios de clase A que llevan toda la vida votando lo mismo. Sin resolverlo, el hilo pasa al recuento: otro sostiene que al PSOE le bastan
130 escaños más los socios para volver a
175, y un tercero avisa de lo contrario, de que el PP puede llegar a
160 y pactar con los partidos catalanes antes que con VOX.
Y sobrevuela una petición sin apoyo: que se resuelva antes si el PSOE puede presentarse siquiera a las elecciones, con una retahíla de delitos que el hilo no acredita.
Qué cambia respecto a antes
Que la fecha ya no es el centro. El centro es la foto de la salida del hemiciclo, que unos leen como primer acto de campaña y otros como un desplante que no significa nada. La quiniela de días se aparca hasta que el texto se vote —o se vuelva a tumbar— y en su lugar entra un debate nuevo, el del carácter del presidente: si es un estratega que juega con ventaja o un hombre al que su propia gente le ha comprado el relato. Feijóo, VOX y los pactos entran y salen sin que nadie se ponga de acuerdo. La ley de nietos sigue ahí, como el vecino que llama a la puerta cada pocas páginas.