Logia Athanor: el juicio que desvela la cara criminal de la masonería francesa
En un suburbio de París, una logia masónica ocultaba una red de asesinos a sueldo: 22 personas se sientan en el banquillo acusadas de homicidios, asaltos y robos con violencia, con un precio por víctima de 70.000 euros —«sin impuestos», según los cargos. El caso, que comenzó a juzgarse en marzo de 2026, ha reabierto el debate sobre la infiltración del crimen organizado en las hermandades iniciáticas.
Los hechos: una logia que mataba por encargo
La logia Athanor, con sede en Puteaux, funcionaba como fachada de una organización criminal que ofrecía servicios de violencia extrema. Según la acusación, los miembros ejecutaban encargos de homicidio, asalto y robo a cambio de tarifas fijas. El fiscal pide cadena perpetua para los veintidós procesados. El modus operandi recordaba al de las mafias italianas: la 'Ndrangheta, por ejemplo, también bebe de rituales masónicos para su estructura jerárquica, como recoge su propio historial. La coincidencia no es casual: en Italia, la infiltración de logias por parte de la mafia es un fenómeno documentado.
El debate: masonería, crimen y teoría de la conspiración
El juicio ha reavivado las sospechas sobre el papel de la masonería como tapadera de élites criminales. Quienes defienden esta tesis señalan que la hermandad ha sido usada históricamente por grupos de poder para operar en la sombra, como se ha visto en casos como la P2 italiana. Otros, más escépticos, advierten contra la generalización: Athanor sería un caso aislado, no representativo del conjunto. Sin embargo, la evidencia de rituales compartidos entre masonería y mafia, así como la reciente tendencia de ciertas logias a mostrarse abiertamente en actos públicos —como el homenaje masónico a las víctimas de la DANA de Valencia en 2025—, alimentan la percepción de que algo se mueve bajo la superficie.
La pregunta que queda en el aire es si este juicio será un punto de inflexión o simplemente la punta del iceberg de una realidad que muchos prefieren ignorar. Mientras tanto, los 70.000 euros «sin impuestos» siguen siendo el dato más incómodo de un caso que promete dar mucho que hablar.
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