Verano de margi: entre la nómina y la videoconsola
¿Qué hace un presunto marginal social cuando el asfalto derrite las suelas? Si uno esperaba okupaciones de chalés vacíos o festivales antisistema, va listo. La realidad, extraída de una conversación coral en la trastienda de internet, es mucho más mundana: trabajar, sudar la gota gorda, y de postre, una cerveza en la plaza. No hay épica, solo la rutina de un agosto que a nadie le gusta.
El trabajo no descansa ni en agosto
El primer clamor es unánime: el verano no es vacaciones para todos. La mayoría reconoce que pasa julio y agosto currando, con la única tregua de que los jefes se ausentan y la presión baja. "Esto es un Rodríguez manda", resume uno. La piscina está demasiado lejos, la playa abarrotada, y el monte lleno de turistas. Así que toca aguantar el tipo, con el aire acondicionado a 25 grados viendo series o matando el tiempo frente al ordenador. Otra corriente, la más nihilista, declara sin tapujos que su verano es idéntico al invierno, solo que con más calor y menos ropa.
Ocio low cost: bici, cerveza y siesta
Cuando el horario laboral lo permite, la oferta de ocio es espartana. La bicicleta aparece como el vehículo estrella para escapadas a la playa o al monte. La cerveza fría en la plaza, lejos de bares caros, es el combustible social. Y la siesta, casi un deporte nacional, con algún arrumaco nocturno. También aflora el perfil del solitario digital: "17 horas en la cama, 1 en el súper y 6 en chorradas de internet". La videoconsola, especialmente GTA VI según algunos, completa el cuadro de una vida que, en lo esencial, no se diferencia mucho de la de cualquier mileurista.
La excepción: los que sí se mueven
No todo son lamentos. Una minoría confiesa que aprovecha las vacaciones para salir con la bici, hacer chapuzas, barbacoas o ir a las fiestas del pueblo. El perfil más activo en verano es el que combina deporte con ocio nocturno. Incluso hay quien se dedica a la crianza de gatos y a piscinear, combinando el cuidado animal con el termómetro. La diversidad de respuestas sugiere que, bajo la etiqueta común, hay realidades muy distintas.
Total, que el mito del verano hedonista del antisistema se reduce a una cerveza en la plaza y una partida a la consola. El margi social, como el resto de los mortales, sobrevive al agosto como puede: con más resignación que glamour.