Kiko Rivera a los 18: la historia del esfuerzo que no cuadra
Tenía 18 años y, según su propio relato, no tenía un duro. Pero lo cierto es que se le veía de fiesta por Madrid. Esa contradicción es solo la primera de las que rodean la historia de Kiko Rivera, que ahora se cuenta como un ejemplo de superación juvenil.
La segunda parte llegó enseguida: cuando decidió buscarse la vida, le ofrecieron 10.000 euros por noche. El caché subió hasta 60.000. La pregunta es inevitable: ¿cuántos jóvenes con el mismo esfuerzo reciben esa oferta?
Las cifras que no cuadran con el discurso del mérito
La versión oficial del «aprendí a ser un hombre» se apoya en un esquema clásico: empezar desde abajo sin dinero y salir adelante. Pero los números narrados levantan más dudas que certezas. Quien no tiene recursos no sale de fiesta por Madrid; quien los tiene, tampoco necesita que le ofrezcan bolos millonarios. La coincidencia de ambos factores apunta a otra variable: el apellido.
Hay quien sostiene que si un joven cualquiera intentara reproducir esa trayectoria, acabaría en una caja de cartón. La diferencia no estaría en el esfuerzo, sino en la puerta de entrada. Y no es una cuestión de «suerte» entendida como lotería: es una lotería genética sobre la que el interesado no tuvo ningún mérito.
¿Ejemplo para la juventud o privilegio disfrazado?
Una parte del análisis lo pone como modelo para la juventud. Otra, más extendida, recuerda que buscar trabajo es lo que hace cualquier ser vivo para sobrevivir, y que convertir eso en una epopeya de gladiador resulta, como mínimo, exagerado. El sarcasmo llega al punto de sugerir que el verdadero ejemplo sería el joven que se mantiene sin que su apellido le abra las puertas.
La discusión de fondo no es sobre Kiko Rivera en particular, sino sobre cómo se construyen los relatos de éxito: cuánto pesa el mérito real y cuánto el punto de partida. El caso de quien ganó 120 millones en Euromillones por casualidad sirve de contraste: allí la suerte fue aleatoria y no se la vendió como mérito.
¿Por qué, entonces, el esfuerzo de un hijo de famosos se presenta como heroicidad? ¿O es que la sociedad necesita creer que el trabajo siempre paga, aunque los datos digan lo contrario?