El día que Kissinger frenó el sueño nuclear de Franco
A principios de los años 70, Henry Kissinger habría esgrimido una amenaza directa: si España desarrollaba armas atómicas, la Casa Blanca apoyaría a ETA y al independentismo canario para desestabilizar al régimen. La advertencia persigue desde entonces a los historiadores del programa nuclear español, envuelta entre datos reales y rumores de pasillo.
Un coqueteo atómico con nombre y apellidos
El régimen de Franco invirtió durante los años 60 en tecnología de centrifugado y en la mina de uranio de Saelices el Chico (Salamanca). Científicos formados en acuerdos con Estados Unidos trabajaban en un reactor experimental. Según documentos filtrados –aunque no desclasificados–, España podría haber fabricado hasta 28 bombas en un año si hubiera seguido adelante.
La presión estadounidense: de la diplomacia a la coerción
Kissinger, entonces secretario de Estado, actuó con su estilo de «depredador geopolítico». No se limitó a presionar: forzó la entrada de España en el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y, según algunas fuentes, amenazó con ayudar a ETA y al Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC) si el proyecto seguía vivo. La estrategia encajaba en la doctrina de contener a cualquier país pequeño que pudiera alterar el tablero de la Guerra Fría.
¿Paranoia o estrategia calculada?
El dato de las 28 bombas en un año nunca se ha confirmado oficialmente. Suele calificarse de «rumor de pasillo de la CIA». Sin embargo, la historiografía reciente confirma que el régimen de Franco sí tenía planes nucleares militares. La ironía es que el propio Kissinger ya había hecho lo mismo con aliados mucho más cercanos: impidió que Gran Bretaña mantuviera su capacidad atómica independiente.
¿Fue España una amenaza real para Washington o solo una excusa para cerrar el grifo a un país incómodo? Casi medio siglo después, la respuesta sigue enterrada en archivos clasificados.