Inés Rey: «No somos bomberas ni cuidadoras perpetuas»
¿Cuántas veces se ha oído eso de que las mujeres llegan al poder cuando ya está todo roto? La alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, lo ha convertido en frase de campaña interna. Tras el Congreso Federal del PSOE, y después de que se filtraran sus intervenciones, la regidora coruñesa reafirmó su postura ante La Voz: pidió un feminismo «proactivo» y no uno «reactivo de reaccionar siempre que hay un escándalo». Y soltó la bomba: «Las mujeres siempre llegamos al poder cuando hay que arreglar el desaguisado que han dejado normalmente hombres». La frase, pronunciada en un encuentro con las secretarias de Igualdad del partido, ha caído como una losa en el debate público. Rey añadió que se alegra por la secretaria de Organización, Rebeca Torró, pero dejó claro que las mujeres «no somos ni bomberas ni cuidadoras perpetuas».
Qué dijo exactamente Inés Rey y en qué contexto
El marco es el Congreso Federal del PSOE y una reunión convocada por Pedro Sánchez con las responsables de Igualdad de toda España. Rey intervino en dos partes, según su propio relato: primero dio apoyo al secretario general —«no se está cuestionando la continuidad del Gobierno», dijo, y consideró que se ha actuado «con contundencia»— y después reclamó que la agenda feminista esté en el centro, con una ley integral para abolir la prostitución y con el cumplimiento de las resoluciones de los congresos. La filtración de sus palabras a la prensa la asumió sin desmentir nada.
El concepto que usó tiene nombre técnico:
acantilados de cristal. La idea de que las mujeres acceden a puestos de mando sobre todo cuando la situación ya es crítica. Rey lo formuló sin paños calientes: «Nosotras estamos ahí para liderar y para estar en los espacios de poder igual que los hombres y todavía quedan espacios en los que no estamos».
La reacción: del «a fregar» al contraejemplo de Merkel
La respuesta ha sido un catálogo de lugares comunes. Una parte del público ha recibido la frase como una declaración de superioridad moral, y la ha devuelto con el manual de la cocina: que si a fregar, que si a hacer la cena. Otra ha tirado de hemeroteca para preguntar por qué la tesis no se sostiene con nombres propios: Ursula von der Leyen, Christine Lagarde, Kristalina Gueorguieva, Kaja Kallas, Nancy Pelosi, Kamala Harris, Janet Yellen. La lista se lanza como refutación: si las mujeres fueran mejores gestoras por el hecho de serlo, los resultados estarían a la vista. El argumento no distingue cargos, países ni competencias, pero circula.
Hay un contraargumento que también aparece: el poder corrompe igual a hombres y a mujeres, y el problema no es el sexo de quien manda sino la estructura. Y una pregunta que sobrevuela todo: ¿qué pasaría si un alcalde dijera lo mismo de las mujeres? La respuesta que da una parte del público es inmediata: manifestaciones, condenas y calificativos de misógino. Ese doble estándar percibido es, probablemente, el combustible real de la polémica.
El dato que descoloca: Galicia vota distinto según la papeleta
Mientras la discusión se centraba en la frase, apareció un dato territorial que invita a otra lectura. Los grandes núcleos gallegos están gobernados por la izquierda —A Coruña, Vigo, Lugo y Pontevedra en manos del PSOE o del BNG, Santiago y Pontevedra con el BNG— y sin embargo el PP gobierna la Xunta con mayoría absoluta. La explicación que se maneja es que en las municipales pesa el candidato y en las autonómicas pesa el partido. Es decir, que la tesis de Rey sobre quién llega al poder y cuándo quizá tenga menos que ver con el género y más con la aritmética de cada convocatoria.
¿Por qué esta frase incomoda incluso dentro del feminismo?
Porque pone el foco en la llegada tardía y no en la salida. El feminismo «proactivo» que reclama Rey exige cumplir resoluciones y legislar, no esperar a que el edificio se caiga para entrar a apuntalarlo. El problema es que la frase, tal como se ha difundido, suena a que las mujeres son el servicio de urgencias del sistema. Y eso, además de ser una carga, es una excusa perfecta para no cambiar nada: si ellas arreglan, ellos pueden seguir rompiendo.
La conversación derivó hacia terrenos más ásperos, con descalificaciones personales hacia la alcaldesa y generalizaciones sobre el desempeño femenino en la empresa y la política. Es el ruido de fondo de cualquier debate sobre cuotas, mérito y poder. Lo llamativo es que la propia protagonista pidió precisamente salir de ese marco: dejar de ser reacción y pasar a ser agenda. Difícil, cuando la frase que más ha trascendido es la que la sitúa apagando fuegos ajenos.
Al final, la pregunta no es si las mujeres son mejores o peores gestionando. Es por qué seguimos discutiendo eso en lugar de discutir por qué los puestos de mando se ocupan, tantas veces, cuando ya no queda nada que gestionar.