A los 40, el mercado de citas se invierte: ellas miran abajo
¿A quién le tira un cuarentón cuando quiere ligar? La respuesta que se repite no es amable: a las de 50, o directamente al club de los 60. Las citas a los 40 han dejado de ser un asunto simétrico. Mientras una mujer de cuarenta y tantos comprueba que le escriben veinteañeros, un hombre de su misma edad ve cómo su franja natural se desplaza hacia arriba. El diagnóstico, formulado con más crudeza que elegancia, es que la brecha de edad se ha dado la vuelta.
La brecha de edad: ellas miran abajo, ellos miran arriba
El relato que circula tiene dos caras. De un lado, mujeres de cuarenta y pocos que reciben atención de hombres veinte años más jóvenes, canalizada por redes sociales y aplicaciones de móvil. Del otro, cuarentones que constatan que su público objetivo se ha mudado a la franja de cincuenta o sesenta. Hay quien bromea con que ciertos gimnasios de
crossfit se han convertido en el punto de encuentro donde se cruzan esas generaciones, y hay quien lo dice sin ninguna broma: para ligar a los 40, el hombre tiene que apuntar por encima de donde le gustaría. Detrás de la broma hay una jerarquía que nadie firma pero muchos describen.
Una mujer de 65 años y su agenda con treintañeros y cuarentones
El caso que más ha hecho correr la conversación es un testimonio personal: alguien cuenta que el año pasado chateó por
Tinder con una mujer de
65 años que le confesó tener un
overbooking de citas con hombres de entre
30 y 45 años. El dato, imposible de verificar y sin ningún valor estadístico, funciona como espejo del relato general. Con esa cifra sobre la mesa, no falta quien sostiene que a partir de cierta edad la demanda se invierte y que el cuarentón medio compite en desventaja. En contra pesa lo obvio: una anécdota aislada no describe un mercado, y menos uno tan poco medido como el del cortejo.
¿Dónde se liga pasados los 50?
La pregunta práctica, la que de verdad se teclea en un buscador, es dónde están esas mujeres. Las respuestas que se cruzan apuntan, ya pasados los 60, a Facebook Parejas, con Badoo como referencia, y sin ningún estudio detrás: solo la experiencia de quien ha probado y lo cuenta.
Pagar o acostumbrarse a la soledad
Cuando el diagnóstico se acepta, las salidas se reducen a dos. Una es económica: pagar, que se defiende como la opción más inteligente a largo plazo. La otra es la resignación activa, esa de quien asegura haber aprendido desde joven a estar solo y a no aburrirse. Entre medias, hay quien lo envuelve todo en un juicio moral sobre las mujeres de esa generación y lo atribuye al feminismo, como si un cambio en las reglas del cortejo fuera una culpa colectiva. Es una lectura vieja para un fenómeno bastante nuevo.
Con estos mimbres, el mercado de citas apunta a la baja a los 40 y parece repuntar a los 60. Consuelo estadísticamente dudoso, pero consuelo al fin y al cabo.