Logroño empapado de gasolina: síntomas de una burbuja que no quiere estallar
A mediados de la década de 2000, Logroño se había convertido en un caso de estudio de la fiebre inmobiliaria española. Con apenas 150.000 habitantes, la capital riojana veía cómo se levantaban cientos de viviendas en barrios como Los Lirios, Valdegastea o La Cava. Los precios se habían disparado: un piso de 86 metros cuadrados en el residencial Ágora, junto al Media Markt, se ofertaba por 46 millones de las antiguas pesetas, unos 276.000 euros, sin garaje. La cuota hipotecaria resultante superaba los 1.200 euros mensuales, una cifra inalcanzable para el sueldo medio local.
El desajuste entre oferta y demanda
Los datos del INE mostraban que entre 1996 y 2005 la población de Logroño y sus municipios colindantes (Lardero, Villamediana) había crecido en 25.688 habitantes. Sin embargo, el ritmo de construcción era muy superior: solo en La Cava y Fardachón había varios cientos de viviendas terminadas y sin habitar. Un paseo por la ciudad revelaba bloques enteros con carteles de «se vende» y pegatinas de obra nueva aún en los cristales. «Logroño está empapadito de gasolina», resumía un análisis local: solo faltaba la chispa que hiciera arder el stock.
Señales de desaceleración
En 2005, un informe de la consultora Roan Asesoramiento Inmobiliario confirmaba una caída del 7% en el precio de la vivienda usada en Logroño. Mientras, la hipoteca media en La Rioja había aumentado un 51% interanual, frente al 17% nacional. Quienes compraron sobre plano entre 2003 y 2004 empezaban a ver cómo sus expectativas de revalorización se esfumaban. Algunos pisos llevaban casi dos años en venta, y una empresa local de fabricación de ladrillos ya reducía su producción. El mercado entraba en una fase de «paralización importante», según reconocía la prensa regional.
El papel de las VPO y la especulación
La promoción de vivienda protegida en Valdegastea generó polémica: se percibía como un parche para llenar una urbanización mal planificada, con problemas de olores del vertedero cercano. Al mismo tiempo, la reventa de VPO se convertía en un nicho de fraude que el gobierno regional intentaba atajar sin éxito. «La mano que se presenta como tu salvador es la misma que corrompe los precios», ironizaba un participante en el debate. La ONU ya había catalogado a España como un país «incapaz» de garantizar el acceso a la vivienda.
El ciclo se aceleraba. La pregunta que quedaba en el aire era si el pánico se extendería desde las grandes capitales hasta Logroño. Los carteles de «se vende» se multiplicaban, pero todavía había quien pensaba que los precios nunca bajarían. El tiempo daría la razón a los escépticos.
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