La conjura de los necios: ¿operación psicológica de la CIA?
Ignatius Reilly y Norman Bates comparten más que una madre dominante: ambos son perdedores que viven con sus madres, asexuados, intelectuales frustrados. El análisis que circula en ciertos círculos va más allá de la coincidencia literaria. Sostiene que tanto "La conjura de los necios" (publicada póstumamente en 1980, once años después del suicidio de John Kennedy Toole) como "Psicosis" (1960) fueron diseñadas como propaganda psicológica para demonizar al perdedor auténtico, al que no se pliega al consumo ni al postureo social.
El patrón del perdedor en el cine y la literatura
El argumento se apoya en un patrón repetido durante décadas: en Hollywood, el marginado intelectual es retratado como un ser asexuado, con gafas de fondo de botella, granos, que vive en el sótano de su madre y colecciona cromos. Mientras, el héroe "normal" consume drogas, tiene una vida sexual activa y desprecia a los currelas. La moraleja implícita: si eres austero y piensas por ti mismo, eres un caso clínico.
La zanahoria del nerd: de apestado a recluta tecnológico
El análisis señala una segunda fase: una vez demonizado el perdedor, se le ofrece una salida cuando las grandes tecnológicas (Google, Meta) necesitan mano de obra sumisa. Series como "The Big Bang Theory" rehabilitan al nerd para convertirlo en un futuro empleado dispuesto a trabajar 12 horas por un ping-pong en la oficina. El nerd deja de ser un apestado social para ser un "innovador disruptivo", pero la realidad es que acaba siendo el mismo perdedor de siempre, ahora con un sueldo y sin tiempo libre.
La guinda del pastel: los mismos que se ríen del que escucha Stravinsky pagan 200 euros por ver a un DJ que aprieta un botón. La música popular se vuelve más simple, y la complejidad intelectual se castiga con la soledad. El mensaje de fondo es claro: no pienses, consume lo que te pongan y sé feliz con la manada. Quien se sale del redil, espera la soledad y el señalamiento como enfermo mental.
Con estos mimbres, algunos se preguntan si Toole y Hitchcock fueron instrumentos inconscientes de una operación mayor. La coincidencia temporal y temática invita al menos a reflexionar. El dato que descoloca: "La conjura de los necios" se publicó once años después de la muerte de Toole, en plena Guerra Fría.