Playmobil despide a 700 empleados mientras celebra sus 50 años
El plástico ya no basta para sostener a Playmobil. Y no es solo porque los niños prefieran una tableta. El 1 de octubre abría sus puertas en Espira, en el oeste de Alemania, la exposición «We Love Playmobil. 50 Jahre Spielgeschichte(n)», con la que la marca celebra medio siglo de historia. Casi al mismo tiempo, el Grupo Horst Brandstätter anunciaba que se desprende de
700 trabajadores hasta 2025, 370 de ellos en Alemania. Es el
17% de una plantilla de 4.100 personas. La fiesta y el ajuste los firma la misma empresa.
Los muñecos nacieron en
1973, diseñados por Hans Beck, el «padre de Playmobil», y en España se hicieron célebres como 'clicks'. Generaciones enteras los recuerdan en la mano, aunque el negocio que los produce lleve tiempo dando señales de que no va bien. El propio anuncio de los despidos llegó por los medios antes que a la plantilla.
Un superávit de 35 millones que se ha quedado en la mitad
La empresa justificó el recorte con la fórmula de siempre: «una revisión exhaustiva de todas las áreas de negocio y teniendo en cuenta la evolución del negocio y los retos económicos actuales». Traducido a números, el beneficio no acompaña. Los
35 millones de euros de superávit que la compañía presentaba con datos de 2021 se han reducido a la mitad.
El aumento de los costes, en general, y el de las materias primas para fabricar las figuras de plástico y la publicidad, en particular, aparecen como culpables del mal momento. Por debajo hay algo más incómodo: decisiones estratégicas discutidas. La prensa económica alemana ha calificado las últimas medidas como un movimiento «radical de despidos», y el diario 'Berliner Morgenpost' apunta a que los niños cada vez juegan más con dispositivos electrónicos.
Dimisión del CEO y un clima laboral descrito como difícil
Este verano dimitió el consejero delegado del grupo,
Steffen Höpfner, que llevaba siete años al frente desde 2015, cuando asumió el cargo tras la muerte de Horst Brandstätter, el patriarca de la compañía. Su salida se presentó oficialmente como una «decisión personal».
El asunto va más allá de una silla vacía. Según informaciones recogidas por el 'Süddeutsche Zeitung', los representantes de los trabajadores llevan años hablando de prácticas de acoso, peleas e intrigas de poder. La revista 'Capital' sostiene que el ambiente laboral se considera «en el mejor de los casos, difícil». El grupo se apoya en un holding y dos fundaciones con «fricciones», según el 'Frankfurter Allgemeine Zeitung', y en el 'Manager Magazin' se describe una búsqueda de nueva junta directiva con la que «recomenzar» de cero. Ese reinicio incluye dejar en segundo plano el desarrollo de formas para fabricar los muñecos:
74 personas a la calle.
Famobil, Airgamboys y la batalla del juguete español
En España estos muñecos se llamaron
famobil antes que clicks, fabricados por Famosa, la misma casa de Nancy o Barriguitas. Se vendían en cajas individuales, temáticas o en castillos, fuertes y barcos piratas con siete u ocho figuras. En 1983 Playmobil compró la fábrica española y los famobil desaparecieron de España y Portugal.
La competencia nacional tenía nombre propio: los Airgamboys, copia catalana un centímetro más alta y más barata, con cajas de romanos que hicieron época. Los madelman y geyperman jugaban en otra liga: muñecos articulados más grandes, copias de los GI Joe. Hay quien sostiene que los Airgamboys eran mejores y que los alemanes se impusieron por músculo financiero, no por calidad.
¿Por qué un niño de hoy prefiere la consola al click?
Porque el muñeco ya no compite solo con otro muñeco. Compite con
videojuegos, tabletas y consolas. La evolución del catálogo —más temáticas y caracterizaciones— no ha revertido la tendencia. Hay quien relata regalos que no aguantan ni quince minutos abiertos antes de volver a la caja.
Y hay un problema de producto. Hay quien describe la calidad del plástico actual como mucho peor que la de los años ochenta, con brazos que no aguantan el juego, mientras de la competencia danesa se dice que mantiene su calidad. En las construcciones, hay quien señala que el sistema antiguo permitía a un niño montar un edificio entero; el actual exige centenares de conexiones y hasta herramienta especial.
El nuevo cliente: el adulto que compra lo que no tuvo
Mientras el público infantil se desliza hacia las pantallas, hay quien observa que las jugueteras han encontrado otro comprador: el adulto que se permite de mayor lo que le faltó de crío, y que sostiene colecciones, dioramas y exposiciones monumentales con años de trabajo detrás. Es un negocio real, pero estrecho.
Playmobil, con 700 salidas por delante y una cúpula por rehacer, apuesta a que ese adulto y el tirón de la Navidad sostengan el tipo mientras encuentra otra pata sobre la que crecer. Puede salir bien. O puede ser, simplemente, ganar tiempo.