Los 80 fueron más violentos que hoy, según la IA. Los que los vivieron lo niegan
La inteligencia artificial ha resucitado el mito de que la delincuencia en los años 80 superaba a la actual. Pero quienes atravesaron aquella década con carnet de adolescente lo ponen en duda. Vecinos de barrios como Tetuán, Lavapiés o el Pozo del Tío Raimundo recuerdan que se podía caminar de noche sin miedo, mientras hoy esquivan esas zonas a plena luz del día. «En 1988 cruzaba Lavapiés a las once de la noche y jamás tuve un problema. Hoy no lo haría ni de día», resume un testimonio recurrente.
El contraste entre datos y recuerdos
La discrepancia entre las cifras oficiales y la experiencia ciudadana alimenta un debate que trasciende la nostalgia. Algunos analistas sostienen que el Estado y los medios juegan a dos bandas: manipulan tanto la realidad como la percepción mediante estadísticas maleables. «Con la misma metodología y la misma muestra puedes sacar conclusiones totalmente distintas», señalan. En los 80, los homicidios eran más numerosos, pero la violencia callejera se limitaba a navajazos exprés sin llegar a la brutalidad actual. Los testimonios apuntan a que entonces los atracos eran más «civilizados»: te quitaban el dinero y no te tocaban un pelo. Hoy, en cambio, la peña ni se acerca a según qué zonas.
El factor droga y la evolución de la violencia
La irrupción de la heroína en los 80 generó una oleada de yonquis que pedían dinero, pero rara vez agredían. En los 90, el perfil cambió: atracos en grupo con navajas en Valencia y Madrid. Sin embargo, quienes entonces trabajaban a domicilio en zonas conflictivas aseguran que no pasaba nada. «Iba al Pozo del Tío Raimundo con corbata y no me ocurrió nada». La percepción actual es que los barrios obreros se han convertido en campos de batalla, algo que no se veía desde hace décadas.
Mientras el debate se encona, lo único cierto es que la percepción de inseguridad no corre paralela a los datos, y que el miedo ciudadano es un arma política de primer orden. La IA habrá dado su veredicto, pero la memoria colectiva no se rinde.