La DGT apaga las cámaras de Ceuta y aviva la polémica
En Ceuta, las cámaras de la DGT están apagadas. Todas. El portal de tráfico no devuelve ninguna imagen de la ciudad autónoma, y las pocas webcams públicas que dependen de otras administraciones tampoco responden. La coincidencia es, como mínimo, llamativa.
La única señal que se mantiene viva es la de la bocana del puerto y una playa, pero con un encuadre que dedica el 80% del plano a la lámina de agua y deja en negro las zonas de orilla. Es justo lo que no permite ver si hay algo que ocultar, que es justo lo que más sospechas despierta.
Las lecturas políticas no se hicieron esperar. Para una parte de la ciudadanía, el apagón es un ejercicio de censura institucional; para otro sector, responde a un intento de limitar la difusión de bulos y desinformación. El Gobierno, por ahora, no ha dado explicaciones oficiales. Y en medio, la teoría conspirativa más radical sostiene que la ciudad directamente no existe y que las imágenes son decorado. Cada cual elige su versión.
Lo que queda es un patrón incómodo: la transparencia prometida choca con un sistema de cámaras que se apaga, enciende lo justo y encuadra donde no molesta. Si el objetivo era evitar que se difundieran imágenes comprometedoras, se ha conseguido con creces; si era una avería, la selección de planos resulta sospechosamente quirúrgica. Con las convocatorias del día 15 en el horizonte, la pregunta no es si volverán las imágenes, sino cuándo y en qué formato.